Selva Hernández, tercera generación de una familia de libreros, trasladó sus títulos más especiales. Tuvo que cerrar, después de 25 años la librería "A través del Espejo" en la colonia Roma. (Foto: AnyLú Hinojosa-Peña)

Las librerías de viejo se niegan a desaparecer víctimas de la Covid-19. Durante la pandemia se han reinventado y luchan contra la adversidad. Su modelo de negocio es fomentar la lectura. Comprar libros de segunda mano y revenderlos. Albergan joyas literarias que esperan a que los compradores las encuentren en sus anaqueles.

Con el decreto de emergencia sanitaria estos lugares tuvieron que cerrar. Leer no se consideró como una actividad esencial. Muchos se preocuparon por su futuro y no pocos presagiaron que cerrarían de manera definitiva. Pero los dueños y las dueñas apostaron a un nuevo modelo de negocio. Utilizar las redes sociales, mostrar sus libros de manera virtual y –por qué no– llevarlos a domicilio.

En Tec Review recabamos las historias de estos libreros y te contamos su lucha contra los malos tiempos.

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Las redes sociales, al rescate

Hace tres años, Luigi Amara fundó la librería La Murciélaga junto con sus amigos. Tomaron todas las medidas para evitar contagios y cerraron sus puertas. Pero sus ventas continúan.

“Hemos utilizado las redes sociales para anunciar libros. Para comentar cosas, para hacer chistes. Antes de la pandemia mucha gente nos preguntaba si podíamos enviar los libros a otros estados. Entonces, empezamos a desarrollar la posibilidad de envíos a domicilio”, cuenta Amara.

Las puertas de La Murciélaga siguen cerradas y los socios esperan a que el semáforo de actividades esté en amarillo para reabrir, pero su sistema de atención vía redes sociales ha dado resultados.

“(Con la pandemia) fortalecimos las ventas en línea y de la mano de un vecino, que tiene un servicio de entregas a domicilio en bicicleta, es básicamente como hemos podido sobrevivir. También anunciamos los libros por internet”.

Ahora, Amara solo va al local para hacer entregas específicas de libros que se pidieron por redes sociales.

Las librerías de viejo se reinventan tras la pandemia. (Foto: AnyLú Hinojosa-Peña)

Un nuevo hogar

La historia de la librería A través del Espejo comenzó hace más de 25 años. Es decir, más de los que pasó sobre la avenida Álvaro Obregón de la colonia Roma, en la Ciudad de México. Su cierre definitivo fue el pasado 4 de julio. Ahora, los libros del local migran hacia su nuevo hogar, en búsqueda de escribir un nuevo capítulo.

Su dueña, Selva Hernández, tercera generación de una familia de libreros, lleva los títulos más especiales de La Oficina del Libro, donde ya están a la venta y tiene planes de crecimiento para septiembre.

“Pensamos en una librería itinerante. Tenemos los contenedores, y tenemos otra librería en la colonia Condesa que se llama La Oficina del Libro. Ya era una librería, solamente en el garaje, dedicado a libros antiguosrarosprimeras ediciones, –algunos firmados–, pero ya vamos a abrir toda la casa como librería”, cuenta.

Sus planes van más allá de la venta de libros especiales, pues el encuentro con la lectura toma su tiempo. Hernández prepara un escenario más acogedor: actividades culturalespresentacioneslecturas y hasta un servicio de chilaquiles café.

La despedida de la colonia Roma –que se hizo viral en redes sociales a principios de julio– convocó a 1,000 personas que rodearon la cuadra. Al parecer, el espíritu de A través del espejo prevalecerá con forma de otros proyectos.

“La oficina del libro”. (Foto: AnyLú Hinojosa-Peña)

Librerías y lectores

Amara y Hernández coinciden en que la venta de libros no es un reto en particular para las librerías de viejo. Es un desafío compartido con la venta de libros nuevos y la lectura en general.

En México, el porcentaje de personas de más de 18 años que han declarado leer alguna revista, periódico, historieta o contenido en internet bajó 10.7 % entre 2016 y 2020.

Solo cuatro de cada 10 habitantes declararon haber leído un libro en los últimos 12 meses, de acuerdo con cifras del Módulo sobre lectura del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

“(Las librerías) son negocios precarios, inestables, de difícil sostenimiento. Por otro lado está el auge de Amazon, ese tipo de megacorporaciones que –de algún modo– hacen que los pequeños negocios también fracasen”, señala Amara.

Sin embargo, la fórmula que hace a las librerías de viejo prevalecer es el cobijo para los lectores. “Hay que visualizar a la librería como un lugar de encuentro”, agrega.

(Foto: AnyLú Hinojosa-Peña)

Los buenos hábitos

No obstante, Enrique Tamés Muñoz, decano de la Región Norte de la Escuela de Humanidades del Tec de Monterrey y director de la Feria Internacional del Libro de Monterrey, señala que los hábitos de lectura y el número de librerías no están directamente relacionados.

“Los hábitos de lectura se hacen y se refuerzan o no se estimulan. No tanto porque haya o no librerías, sino por lo que pasa en ámbitos más íntimos como la casa, la escuela, la familia, los amigos. Eso es lo que influye, directamente, en los muy bajos niveles de lectura en este país”, señala.

La posibilidad de ser un lugar de convivencia es la clave del éxito de algunas librerías, tanto para los de viejo como para los de libros nuevos.

“La sobrevivencia de las librerías tiene que ver con dónde están localizadas. Hay dos o tres lugares en la Ciudad de México y otro lugar en Guadalajara que son lugares exitosos porque la gente, además de ir a comprar un libro, va porque es un lugar de alta convivencia social. Van a tomar un rico café, a leer el periódico, se van a encontrar con algún amigo o pariente, hay un lindo parque”, dice Tamés.

Así que la idea de negocio de Hernández y Amara va por buen camino. Pero, aún quedan otras amenazas para las librerías, por ejemplo, las rentas elevadas y hasta el mal clima. 

(Foto: AnyLú Hinojosa-Peña)

Las lluvias y el mal tiempo

La Murciélaga ha sobrevivido al agua –la enemiga de los libros– luego del periodo de lluvias del año pasado. “Uno de los problemas más graves fue que vino el gobierno de la Ciudad a hacer unas obras en las banquetas, pero sin la menor planeación. El resultado fue que se nos empezó a inundar la librería”, recuerda Amara.

Para librar esta dificultad, los socios de esta librería hicieron sus propias obras de contención del agua para soportar la temporada de lluvias. En este año, aún están perfeccionando sus trabajos de prevención de inundaciones.

Por su parte, Hernández también tuvo problemas con una tormenta que mojó algunos de los ejemplares en A través del espejo, los cuales regaló a los visitantes de aquel local. Sin embargo, su mayor desafío fue la renta.

(Foto: AnyLú Hinojosa-Peña)

“No pude pagar la renta de abril y mayo porque no tuve ventas desde marzo. Aprovechando ese incumplimiento, el dueño del local me pidió que adelantáramos el término del contrato. Cuando el gobierno dio luz verde para abrir la librería vino toda la respuesta de la gente”, señala Selva Hernández.

Con las ventas que logró en la despedida de A través del espejo y una campaña en Donadora, Hernández se puso al corriente en los pagos y compró una camioneta para realizar la mudanza de libros. El próximo uso de esa camioneta también será como librería itinerante.

“Vengo de una familia de libreros y han cerrado varias librerías de la familia. Han cerrado como cuatro por la pandemia. Yo tenía que cerrar con Covid o sin Covid, porque el dueño ya me había pedido el local. Tenía una oferta de renta mucho más alta de la que yo pagaba”, señala.

Incluso con estas dificultades, los libreros van por un nuevo aire. La pandemia pone a prueba a los negocios y los que prosperan son los que no se quedan cruzados de brazos, dice Hernández.

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