Envato elements

Por Agustín B. Ávila Casanueva*

“Ha sido un problemón con este perro” me cuenta Natalia, una amiga con la que hace poco intercambiamos las historias de cómo cada quién adoptó a sus perros. “Al Turco lo vi dando vueltas cerca de mi casa un par de semanas. Pensé que tenía una casa dónde pasar la noche, hasta que un día durante un aguacero, lo vi todo mojado y dije ‘ok, no tiene casa, me lo traigo’”. Hasta ahora, más o menos suena a la historia común de adopción callejera.

“Todo iba bien –continúa Natalia- pero noté que a veces sangraba por el pene. Lo llevé al veterinario y me dijo que era un tipo de cáncer. Lo tuvieron que operar y darle cinco inyecciones de quimio. Por suerte ya está bien”.

El cáncer que tenía el Turco es un tipo de cáncer llamado Tumor Venéreo Transmitible Canino (o CTCV por sus siglas en inglés). Solamente se presenta en perros y que se transmite de manera sexual. Poco sospechaba Natalia –y probablemente su veterinario… y el Turco- que las células cancerosas que tenía el Turco, descienden directamente de un solo perro que vivió en la zona noreste de Asia hace cerca de 6,000 años.

El perro fundador. Versión del artista, basada en la información genética obtenida de las células cancerosas de perros actuales. Crédito de Emma Werner

“Bueno, es sólo un estimado”, me cuenta Adrían Baez Ortega, investigador de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido. “Creemos que el tumor surgió en un perro hace entre 4,000 y 8,500 años. Dentro de las cosas interesantes que encontramos, es que el tumor se quedó en esa zona del noreste asiático durante mucho tiempo. Fue hasta hace 2000 años que empezó a moverse y a viajar por el mundo”.

Adrián se encuentra trabajando en el laboratorio de la Dra. Elizabeth P. Murchinson, pero este es un trabajo que ha recibido la colaboración de muchos otros laboratorios y clínicas veterinarias en todo el mundo. “Estudiamos 546 tumores provenientes de 43 países”, me comenta Adrían, quien concluye su doctorado con este trabajo. Dentro de esos países se encuentra México, a Cambridge llegaron tumores caninos provenientes del Estado de México y de Yucatán.

Pero ¿cómo llegó el cáncer a nuestro país? “Nuestro estimado –realizado mediante los estudios de evolución de los genes que secuenciaron de cada tumor- es que llegó a América hace poco más de 500 años. Lo cual nos da bastante confianza sobre nuestros análisis, no podría haber sido de otra manera” concluye con cierto orgullo el casi doctor Baez Ortega.

Hace 2,000 años, que el tumor se empezó a movilizar fuera de Asia, mediante la transmisión sexual de un perro al otro –probablemente de perrito-, y llegó a Europa y a la India. Con la llegada de los europeos a América durante la Conquista y la Colonia, hace cerca de 500 años, llegaron junto con su mejor amigo: los perros, y algunos de estos canes estaban contagiados con el tumor. Que, una vez en este continente, rápidamente se expandió por toda América.

Pero el viaje de estos amores perros no terminó acá. Con una mayor facilidad de viajes transatlánticos y la enorme diáspora de personas en situación de esclavitud que fueron traídas de África a América, el CTCV logró llegar a África, la India, y el sureste asiático. Siempre llegando primero a las costas. “Va repitiendo las rutas marítimas” me describe Adrián. Esto no es nuevo, al parecer, los gatos también usaron los barcos para conquistar el mundo.

Lo interesante es que “son las mismas células” narra Adrián, “el tumor que se originó en ese primer perro, es muy eficaz”, surgió una sola vez, y las células cancerosas de ese perro son las que se siguen propagando hasta la actualidad. Es la línea celular más antigua que conocemos.

El Turco, ya sin cáncer. Fotografía de Natalia G.

“Este cáncer es tan bueno contagiando e infectando a los perros que no hemos encontrado muestras de selección dentro de sus genes” confiesa sorprendido Adrián. Normalmente en parásitos, como este cáncer, las defensas de los organismos a los que atacan fuerzan una selección sobre los parásitos. Es decir: los parásitos deben de cambiar constantemente para sobrepasar las defensas de sus víctimas. Sólo los mejores parásitos sobreviven. Y esto deja una huella que los científicos que las estudian saben leer. La selección deja marcas sobre los genes en los que actúa y pueden ser leídas con los análisis correctos. Sin embargo, estas huellas no están presentes en el genoma de las células cancerosas de los perros. Al parecer, son demasiado buenas haciendo su trabajo y no han encontrado resistencia. Por lo tanto, no ha habido selección.

Pero esto no significa que su genoma no esté cambiando. “Ha habido cambios” explica Adrián, “a lo largo del tiempo las células del tumor han adquirido mutaciones”, y es gracias a estas mutaciones, comparándolas entre perros de distintos países, que Adrián y sus colegas han logrado hacer todos estos análisis. Las células de un tumor en Inglaterra no tienen las mismas mutaciones que las que tenía Turco. Todas provienen de un mismo perro, de una misma célula, pero han adquirido distintas historias.

El genoma de estas células cancerosas se ha ido reacomodando “uno de los cromosomas sexuales se perdió” me cuenta Adrián, “por eso creemos que lo más probable es que el tumor se originó en un perro macho”. Los perros, al igual que los humanos tienen una determinación sexual dada por los cromosomas sexuales XX daría una perra hembra y XY sería un perro macho. “El cromosoma Y es mucho más pequeño que el X, por eso creemos que fue un macho. Los tumores tienen un solo cromosoma X, si hubiera sido una hembra es probable que todavía encontráramos cachos del cromosoma X faltante dentro del genoma, el Y es mucho más fácil de perder”.

La historia de esta investigación aún no acaba “queremos entender mejor cómo interactúan las células del tumor con las del perro infectado, cómo se diferencían, cuáles genes encienden y apagan unos y otros” sentencia Adrián.

Al parecer, este cáncer desaparecerá por sí sólo “Al largo plazo, probablemente el cáncer adquiera tantas mutaciones que deje de infectar a los perros” concluye Adrián. Yo pienso en una canción de Café Tacvba que acompaña el soundtrack de la película de González Iñárritu Amores perros adquiere todo un nuevo significado, como si los perros se la cantaran al cáncer: despídete, ya no estarás, al menos ten conmigo esa bondad. Tal vez la cante junto con Turco la siguiente vez que lo vea.

Referencia:

Baez-Ortega et al. Somatic evolution and global expansion of an ancient transmissible cancer lineage. Science 365, eaau9923 (2019). DOI: 10.1126/science.aau9923.

*Agustín B. Ávila Casanueva es Lic. en Ciencias Genómicas y profesor del Tecnológico de Monterrey campus Cuernavaca. Visita su blog https://tengaparaqueseentretenga.wordpress.com/

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Ingrese su nombre