Tras que el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) dio a conocer sus planes para construir un nuevo acelerador, diez veces más potente que el actual Gran Colisionador de Hadrones, el periodista Juan Manuel Nieves nos recuerda cuáles podrían ser los tres posibles escenarios que proyectos como éste, pondrían a nuestro planeta en peligro.

El célebre cosmólogo Martin Rees resucita en un libro los peores temores de los físicos: la generación de un agujero negro, la creación de “strangelets” o un desgarro en el espacio-tiempo.

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El agujero negro y los “strangelets”

El primer escenario, el más conocido de todos, se daría si un acelerador, durante su actividad, diera lugar a la aparición de un agujero negro. “Podría ser que se formara un agujero negro -escribe Rees- y que empezara a tragarse todo lo que tiene alrededor”. Si algo así sucediera realmente, todo nuestro mundo sería absorbido en cuestión de minutos, y donde una vez estuvo la Tierra solo quedaría un agujero negro dispuesto a seguir devorando todo lo que encuentre.

La otra posibilidad, dice el físico, es que los quarks (los componentes básicos de partículas como protones y neutrones) se volvieran a ensamblar en otros objetos densamente comprimidos llamados “strangelets”.

Según Rees, “ese hecho, en sí mismo, resultaría inofensivo. Sin embargo, según algunas hipótesis, un strangelet podría, por contagio, convertir cualquier otra cosa que encuentre en una nueva (y exótica) forma de materia, transformando toda la Tierra en una esfera hiperdensa de apenas unos cien metros de diámetro”. Lo cual vendría a ser, más o menos, el tamaño de un campo de futbol.

Un desgarro en el espacio-tiempo

Para Rees, en efecto, “el espacio vacío, o lo que los físicos llaman ‘vacío’, es en realidad mucho más que la nada. Es el escenario de todo lo que sucede. Y tiene, latentes en su interior, a todas las fuerzas y partículas que gobiernan el mundo físico. Pero ese vacío podría resultar ser frágil e inestable”.

No hay ningún peligro

El Grupo de Evaluación de Seguridad del LHC (LSAG) se mantiene firme en sus conclusiones de 2003 y asegura que el gran colisionador, y por tanto sus sucesores, “no representa un peligro y no hay motivo para la preocupación”.

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Uno de los argumentos del LSAG es que la propia naturaleza ha hecho, durante la dilatada historia del Universo, una y mil veces lo mismo que los aceleradores hacen cuando los físicos llevan a las partículas a chocar en su interior. Y nunca le ha sucedido nada a la Tierra. Los rayos cósmicos, por ejemplo, que bombardean continuamente nuestro planeta son, básicamente, versiones naturales de lo que los aceleradores están haciendo.

El propio Stephen Hawking estaba convencido de la absoluta seguridad de estas máquinas gigantescas: “Las colisiones que liberan la mayor cantidad de energía -dijo en una ocasión el genial físico británico- ocurren millones de veces al día en la atmósfera terrestre (en referencia a los ya citados rayos cósmicos», y no ha pasado nada terrible”.

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