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Por: Aminetth Sánchez

Proveer agua fresca a las zonas remotas de Chile, donde es difícil encontrar agua potable, es el negocio de FreshWater Solutions. La empresa social diseñó una máquina que produce agua del aire. En 2015, la compañía instaló el primer equipo en el país. Fue un logro, recuerda Héctor Pino, CEO de la startup, pero también reveló que el emprendimiento tenía un problema: no tenía claros los costos que generaba operar el negocio, los fundadores estaban subsidiando y había que recortarlos para que fuera rentable.

“Nos estábamos disparando en los pies, porque jurábamos que estábamos ganando dinero, pero no”, cuenta el CEO de la compañía chilena, que hasta ahora ha dotado de agua a 3,000 familias de una veintena de comunidades.

A partir de la primera instalación, Pino y sus dos socios -Alberto González y Carlos Blamey- dedicaron tiempo para desarrollar una estrategia que les permitiera reducir los costos operativos del negocio, como el servicio de nómina y la renta de una oficina. No es la única empresa social que enfoca parte de sus esfuerzos en generar un modelo operativo de bajo costo para tener un negocio rentable.

“Hay que dedicar mucha creatividad y sacrificio al tema”, dice Eric Sicart, desarrollador de negocio de la empresa BraiBook, que desarrolla y comercializa el primer eReader de braille.

Es lo que hicieron algunos emprendimientos sociales, que comparten las iniciativas que han implementado para reducir sus costos y aumentar sus ganancias.

Por una estructura laboral mínima

Mientras el proyecto se desarrollaba, los fundadores de FreshWater Solutions descubrieron que no necesitan tener un equipo de sociólogos full time, ni gente armando máquinas de manera permanente. Así que decidieron reducir la plantilla laboral fija al mínimo posible y, ahora, contratan al personal que cada proyecto requiere.

“Lo que hemos hecho es mantener una estructura de la gente mínima y tercerizar servicios”, detalla Pino. Actualmente, el equipo está integrado por seis personas.

Compartir proyectos

“Los principios son muy duros y muchas veces tienes que combinar otro proyecto con el emprendimiento para que no afecte a tus ingresos”, cuenta Sicart, de la empresa española BraiBook.

Cuando arrancó el proyecto, Carlos Madolell -fundador y CEO del emprendimiento- y sus socios distribuyeron sus tiempos en dos proyectos profesionales, a fin de avanzar el desarrollo sin quedarse sin ingresos. Mantuvieron esta dinámica durante casi un año.

“Actualmente, ya nos mantenemos gracias a la inversión que tenemos y a las unidades que vendimos”, detalla desarrollador de negocio de la firma. “Todos los fundadores tenemos el mismo sueldo porque es un equipo en el que todos estamos igual de involucrados”.

Uso de estructuras existentes

En 2013, Adriana da Silva Tubino y su socia Itiana Pasetti fundaron la empresa brasileña Revoada, la cual creó una línea de accesorios de moda sustentables y ropa utilizando desperdicios, como llantas y viejos paraguas.

Una de sus iniciativas para mantener los costos operativos bajos fue trabajar con las comunidades dedicadas a reciclaje de basura y cooperativas de costura existentes, en lugar de emplear a personas directamente en la empresa.

“Eso es más rentable que tenerlos dentro de la empresa y es una forma también de usar lo que ya existe”, dice da Silva Tubino, miembro fundadora de la empresa, que hasta ahora ha vendido más de 27,000 productos en Brasil. “Para qué tenemos una producción propia si hay cooperativas de mujeres que necesitan trabajo. Esa es nuestra lógica: trabajar con lo que ya está ahí”.

Sin oficina = más colaboradores

“En realidad no necesitas tener una oficina atómica, necesitas estar en movimiento”, dice el CEO de FreshWater Solutions. Por eso, el grupo de fundadores decidió trabajar en espacios colaborativos -disponibles a un precio más económico que las oficinas privadas- y aprovechar la red de contactos que ahí se desenvuelven.

La apuesta les ha dado resultados positivos. De acuerdo con Pinto, han tenido la oportunidad de acceder a ayuda colaborativa de especialistas que les ayudan a ahorrar tiempo y recursos. “Hay profesionales que están en el mismo entorno y te pueden ayudar, eso acelera mucho la organización y te ahorras mucho dinero”, agrega.

Sí a los ciclos de desarrollo cortos

Para bajar sus costos operativos, la empresa argentina-uruguaya OTTAA Project decidió realizar ciclos de desarrollo de software cortos, a fin de optimizar los recursos mientras se avanza en la iniciativa.

“Hacer ciclos de desarrollo de software cortos te permite reparar errores mucho más rápido a que si haces un desarrollo de seis meses que te cuesta 30,000 dólares”, explica Carlos Guillermo Costa, CEO y fundador del emprendimiento, que cuenta con un software que permite a las personas con discapacidad del habla comunicarse usando pictogramas para crear frases rápidamente.

Avanzar a pasos pequeños puede generar ahorros de hasta 60% de la inversión en desarrollo, según Costa.

Alianza con universidades

Diego Cruz tiene claro que las universidades son aliadas estratégicas para mantener los costos operativos bajos. El cofundador de Arthrofood -empresa que trabaja con poblaciones afectadas por el conflicto armado en Colombia, para que sean productoras de harina de grillo- cuenta que sumar fuerzas impacta de manera positiva al negocio.

“Nosotros trabajamos con universidades para todo el tema de optimización de todos los procesos de la producción de insectos”, describe el emprendedor. “Hacemos alianzas y ellos ganan porque sacan artículos científicos, generan empleos para jóvenes investigadores y obtienen nuestra carta de reconocimiento”.

Emprendimiento social colaborativo

Alejandro Poiré, Decano de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tec de Monterrey destaca que en México y el mundo “requerimos de emprendedores públicos que reconozcan que los problemas suelen ir más rápido que las soluciones y que las transformaciones llevan tiempo en madurar”.

Los consejos además de permitir a los emprendedores reducir costos, también invita a trabajar colaborativamente. “No basta educarse bien, formar una empresa social, pedir dinero a una fundación o armar un negocio incipiente y luego buscar quién nos presente a alguien “en el gobierno” para que nos ayude. Debemos formar una comunidad de aliados comprometidos con la solución de un problema. Y construir la confianza necesaria para que todos repensemos las bases del problema y empujar a una solución”, escribió Poiré para Tec Review.

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