Tenemos la fortuna de vivir al borde de un nuevo renacimiento, una época de cambio exponencial guiada principalmente por el desarrollo tecnológico. La inteligencia artificial, el internet de las cosas y la era de los grandes datos nos llevan aceleradamente hacia una nueva revolución. No es la primera vez que una transformación tecnológica nos pone en una posición de cambio disruptivo, invenciones como la imprenta, la máquina de vapor y el internet guiaron una historia de desarrollo que aún no termina de maravillarnos. Sin embargo, han traído consigo retos enormes, pues se vuelven generadoras de grandes brechas económicas, de poder, de inequidad y de impacto ambiental.

Para algunos autores, la revolución actual incluirá un reto adicional a los ya mencionados. Esta es la primera vez que (aparentemente) la tecnología hará que la capacidad de nuestra inteligencia humana sea rebasada y, de acuerdo con eso, será necesario replantearnos ¿qué significa ser humano?

Esta pregunta compleja nos ha perseguido durante nuestra propia historia y goza de muchas aproximaciones. Una de ellas es el arte, espacio reflexivo que acompaña nuestra narrativa histórica. Es un espejo de nosotros mismos y, por lo tanto, aprender sobre ellas significa conocernos y reconocernos en el reflejo.

Las artes brindan una óptica particular que ninguna otra plataforma otorga. En especial si las pensamos como un ejercicio personal y colectivo, al que todos podemos acceder por el hecho de ser y entendernos como seres humanos.

El Foro Económico Mundial considera que 10 competencias serán necesarias para la siguiente revolución. Trabajar en nuestra capacidad de percepción e interpretación del entorno está conectado con al menos dos de ellas: el pensamiento crítico y la creatividad; pues ambas requieren una visión conectada con la persona y su interior, justo lo que las artes desarrollan.

Este nuevo renacimiento nos invita a admirarnos por lo que somos capaces de hacer, pero nos obliga también a desarrollar el pensamiento crítico. Nos convoca a voltear a vernos en dicho espejo y crear perspectivas para replantearnos quiénes somos, no sólo nosotros sino todo lo que nos rodea.

El pensamiento crítico y la creatividad son dos competencias básicas para la nueva revolución

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