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Tal vez has escuchado a la gente decir que después de dejar su cerveza por un tiempo a la intemperie, al probarla nuevamente esta ya no sabe del todo bien. Algunos afirman que ‘se quemó’. ¿Qué es realmente lo que ocurre? ¿Por que su sabor es distinto? Te explicamos.

Este cambio de sabor no lo provoca el ambiente o la temperatura en la que se encuentra la bebida, sino la luz que le da. Sí, ese sabor particularmente rancio se da por la radiación ultravioleta, especialmente la que viene del Sol, misma que ocasiona que parte del lúpulo (la espuma de la cerveza) se degrade y con ello se le da lugar a las moléculas de sulfuro.

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Hace aproximadamente cinco años se realizó un experimento, según la publicación del sitio cooksillustrated.com: Se compró una caja de estas bebidas en presentación en lata, la cual se dividió en dos.

Una mitad de la caja de cervezas entró al refrigerador, la otra mitad  fue sometida a otros cambios de temperatura, ya que pasaron tres horas en un baño de agua de 85 grados, seguido de un enfriamiento durante la noche. El procedimiento fue repetido en tres ocasiones y también se hizo con las que se encontraban en el refrigerador.

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¿Cuál fue el resultado? El sabor no cambió. Según el sitio web, David Grinnel, vicepresidente de la calidad de elaboración de la cerveza en The Boston Beer Company, confirmó que los sabores y aromas de la cerveza son el resultado de la exposición a la luz, no las fluctuaciones de temperatura.

Es por ello que regularmente las cervezas se conservan en envases de cristal oscuro, esto con el objetivo de mantenerlas en la oscuridad.

CON INFORMACIÓN DE GIZMODO

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