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Llega febrero. Seguramente en algún momento te has preguntado por qué este mes es el más corto del año, con tan solo 28 días –29 en año bisiesto–. Aquí te contamos.

Febrero “era el último en el calendario romano, cuando diciembre era el décimo, como correspondía” así lo cuenta Juan Antonio Belmonte, astrónomo en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) en su publicación Which Equinox.

En el pasado, el calendario no era como lo conocemos hoy en día, es decir, no se conformaba de 12 meses. El primer calendario romano se conformaba de 10 meses y el año comenzaba el primero de marzo. A este calendario se le tenían que intercalar otros meses adicionales para remediar los desfases con las estaciones.

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Hubo quien intentó solucionar esta ‘problema’, se trató de Numa Pompilio, segundo Rey de Roma, quien introdujo dos meses más al calendario: enero y febrero. Con estos dos meses, el año pasó a tener 354 días, aunque ocasionalmente se tenía que incluir un mes más, el mes mecedinus, en este ciclo se le pagaba a la servidumbre y se veía manipulado por asuntos políticos y económicos.

Los primeros en desarrollar, tal cual, un calendario de 365 días fueron los egipcios. Ellos se basaban en observaciones anuales del Sol, señala Belmonte.

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Julio César, después de tener en cuenta los conocimientos de los egipcios y la problemática del desfase aculumado en los tres meses al que llegó el calendario romano, tomó la iniciativa y decidió hacer uno nuevo, pero a cargo de Sosígenes de Alejandría, quien hizo el ajuste y lo elaboró con 365 días, en el cual repartió 11 días entre los meses, que pasaron de los 29 y 30 días a los 30 y 31; el mes de febrero quedó fuera de esta repartición.

Sosígenes de Alejandría incluyó un día extra cada cuatro años, esto para seguir la tradición romana de los meses intercalados, este fue fijado entre el 23 y el 24 de febrero, por ello el nombre de “bisiesto”, del latín bis sextus dies ante calendas martii, es decir, seis días antes del mes de marzo.

Cuando se realizó el calendario juliano, es decir, en el 46 a.C, el año duró 445 días y fue nombrado “el año de la confusión”. El calendario fue una mejora en comparación con el egipcio, esto debido a la inclusión de los años bisiestos Belmonteos, lo afirma Belmonte.

CON INFORMACIÓN DE ABC.ES

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