Los empleados trabajan en la sala de control de la Misión de Marte en el Centro Espacial Mohammed Bin Rashid (MBRSC), en la ciudad del Golfo de Dubai. Los Emiratos Árabes Unidos planean construir una colonia humana en Marte para el año 2117. (Foto: Giuseppe Cacace/AFP)

El 11 de mayo de 1990, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush anunció que la próxima frontera espacial era tener un humano en Marte. Sería antes del 20 de julio de 2019 y para conmemorar el 50 aniversario del primer paso sobre la Luna. No se ha podido lograr.

Luego, siguieron promesas similares de tres de sus sucesores, que no se tradujeron en ningún programa concreto. Ésta es la ilustración de la paradoja de la conquista humana del planeta rojo. Se promete porque es factible, pero siempre termina en un segundo plano por detrás de los robots, que son menos caros y riesgosos.

“He tenido que asistir a 10,000 presentaciones sobre cómo enviar humanos a Marte. Pero nadie –desde Kennedy– ha podido poner las sumas necesarias”, explica G. Scott Hubbard, ex funcionario de la NASA, en Stanford.

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Sin escape

Los expertos coinciden en que los principales desafíos tecnológicos y de salud para esta misión –que duraría dos o tres años– casi se han resuelto.

Para el lanzamiento se requiere un cohete muy potente. La NASA tiene la capacidad de construirlo desde la década de 1960. Ahora, las nuevas compañías SpaceX, de Elon Musk, y Blue Origin, del jefe de Amazon, Jeff Bezos, planean lanzadores pesados que podrán enviar decenas de toneladas al planeta rojo.

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Veinte años de ocupación de la Estación Espacial Internacional tranquilizaron a los científicos sobre los riesgos que plantea la radiación y la ingravidez para los astronautas, así como la pérdida de masa muscular. El cuerpo no sale ileso, pero el riesgo se considera aceptable.

El problema queda en la estancia en Marte. Se prevé que pasarán 15 meses antes de que los dos planetas estén más cerca. Eso significa que regresen al mismo lado del Sol.

Otro problema es la temperatura. La media es de -63 grados centígrados. La radiación es importante, pero ya hay ingeniería para hacer trajes de protección y refugios. Sin embargo, en caso de emergencias médicas, la distancia haría imposible la evacuación.

Los riesgos

¿Qué fallas deben anticipar los astronautas? Primero, una fractura. Un yeso podría ser suficiente, dice Dan Buckland, ingeniero y médico de emergencias de la Universidad de Duke, quien desarrolla una aguja intravenosa robótica con el apoyo de la NASA.

Malestares estomacales o cálculos renales son –generalmente­– tratables. Excepto 30 % de las apendicitis, que deben operarse y pueden ser fatales. Con pruebas exhaustivas, puede reducirse en gran medida la probabilidad de que aparezca un cáncer y se vuelva peligroso en tres años, dice Buckland.

Mientras, a las habitaciones y a los vehículos los acecharía un problema más: la entrada de polvo. “Marte tiene este problema específico, el de las tormentas de polvo. Las tormentas infernales pueden bloquear el paso de la luz solar durante meses. Por lo tanto, se desactivaría cualquier panel solar”, señala Robert Howard, del Centro Johnson de la NASA.

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Se requerirán entonces de mini reactores nucleares. En 2018, la NASA y el Departamento de Energía completaron con éxito un proyecto de demostración, el Kilopower Project.

En última instancia, el objetivo será fabricar materiales en el sitio. Los astronautas deberán utilizar recursos mineros, probablemente con máquinas de impresión 3D. Su desarrollo es aún embrionario, pero el programa lunar estadounidense Artemis será un banco de pruebas.

La colonización

Elon Musk aboga por una colonización de Marte, con un primer equipo de avanzada para construir una planta de oxígeno y de combustible (metano). ¿Cómo? A partir del agua marciana y del dióxido de carbono de la atmósfera.

En un discurso emblemático en 2017, se refirió a su aspiración de que el ser humano se convierta en una especie “multiplanetaria”.

Robert Zubrin, presidente de la Mars Society, defiende incansablemente la creación de una “nueva rama de la humanidad”. Incluso, considera “vergonzoso” que no se haya hecho nada desde el último desembarco en la Luna en 1972. “Es como si, tras el regreso de Cristóbal Colón del Nuevo Mundo, Fernando e Isabel hubieran dicho que no les interesaba”, compara.

En busca de microbios

El próximo 30 de julio, Estados Unidos lanzará a Marte un nuevo róver más sofisticado. Un gran robot explorador de seis ruedas bautizado Perseverance intentará encontrar evidencias de que hace 3,500 millones de años auténticos microbios poblaban sus ríos.

El viaje interplanetario durará más de seis meses. Si el robot aterriza ileso, comenzará una exploración científica de varios años con el objetivo de recolectar y acondicionar decenas de muestras de rocas que serán recuperadas por un futuro robot. Las rocas serán traídas a la Tierra en 2031.

Perseverance tomará el relevo de los cuatro róveres, todos estadunidenses, que desde fines de la década de 1990, con la ayuda de satélites y robots fijos, transformaron nuestro conocimiento del planeta rojo. Demostraron que no siempre había sido seco y frío como ahora.

¿Conchas marinas?

Perseverance aterrizará el 18 de febrero de 2021 en el cráter de Jezero. En ese lugar corrió un río hace 3,000 o 4,000 millones de años -aproximadamente-, depositando lodo, arenas y sedimentos. “Es uno de los deltas mejor conservados de la superficie de Marte“, según dice Katie Stack Morgan, del equipo científico.

El explorador robótico mide tres metros de largo y pesa una tonelada. Tiene ojos (19 cámaras), oídos (dos micrófonos), además de un brazo robótico de dos metros.

Sus instrumentos más importantes son dos láseres y un equipo de rayos X. Sus herramientas, proyectadas sobre rocas ayudarán a analizar su composición química y molecular. Además, identificarán posibles compuestos orgánicos.

A bordo incluyeron un mini helicóptero experimental de 1.8 kilogramos. Se le conoce como Ingenuity e intentará el primer vuelo de un helicóptero en otro planeta.

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Proyectos ambiciosos

Mientras, el lanzamiento de la primera misión espacial árabe a Marte dirigida por los Emiratos Árabes Unidos y programada el 14 de julio, deberá esperar algunos días más. Esta vez, el mal tiempo previsto en Japón hizo que se postergara.

La sonda, llamada Al Amal (Esperanza), busca proporcionar una imagen completa de la dinámica de la temperatura en la atmósfera del planeta rojo. También marca la próxima etapa del ambicioso programa espacial de los Emiratos.

Al Amal pesa 1.35 kilogramos y tenía previsto despegar del centro espacial japonés de Tanegashima.

Las ambiciones de Emiratos se perciben como una reminiscencia de la edad de oro de los grandes logros culturales y científicos del Medio Oriente.

Hasta ahora, dispone de nueve satélites en funcionamiento en órbita y prevé lanzar otros ocho en los próximos años. En septiembre de 2019, Haza al Mansuri fue el primer emiratí en ser enviado al espacio a bordo de un cohete Soyuz, el primer ciudadano árabe en permanecer en la Estación Espacial Internacional (ISS).

Las ambiciones del país van aún más lejos. Planea construir una colonia humana en Marte para el año 2117. 

En las afueras de Dubai se delinea una gran ciudad para simular las condiciones marcianas y desarrollan la tecnología necesaria para colonizar el planeta.

Los Emiratos Árabes Unidos también están considerando proyectos de minería y de turismo espacial. Y ya firmaron un acuerdo con Virgin Galactic, la empresa de turismo espacial del multimillonario británico Richard Branson.

(Información de AFP)

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