La desertificación y la erosión provocadas por la agricultura (Foto: iStock)

“La tierra es la principal fuente de nuestra comida. Nos da el agua y el aire, la ropa que usamos, aunque no entendamos la relación entre los textiles y los suelos. La tierra es nuestra vida diaria y debemos conservarla”, dijo este 17 de junio, el director de la Convención en contra de la Desertificación de la Organización de las Naciones Unidas (UNCCD, por sus siglas en inglés), Ibrahim Thiaw.

En el marco del Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía, la organización recordó la importancia de cuidar los suelos.

“No hemos manejado bien la tierra. Hemos subestimado que los suelos y los recursos son limitados. Los hemos sobreexplotado, usamos el capital y no las ganancias. Necesitamos comenzar a hacer un presupuesto”, señala Thiaw.

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¿Qué es la desertificación y por qué es importante?

La desertificación es definida como la degradación de la tierra, como resultado de las variaciones del clima o las actividades humanas.

A su vez, la UNCCD reconoce que los daños a los suelos y la sequía están relacionadas con la pérdida de hábitat animal y la propagación de enfermedades -incluida la Covid-19- de animales a humanos, conocida como zoonosis.

La convención promovió este año el lema “Suelo Sano= Gente Sana”, para recordar la importancia de la conservación.

En un informe publicado al respecto, señala que la pobreza, la inestabilidad política, la deforestación, el sobrepastoreo y las malas prácticas de riego afectan negativamente a la productividad del suelo.

“La tasa de aparición o reaparición futura de enfermedades zoonóticas estará estrechamente relacionada con la evolución de la relación entre los humanos y el medio ambiente, particularmente la expansión de la frontera agrícola”, explica la UNCCD.

Además, advierte que la pandemia ha resaltado la dificultad de satisfacer incluso nuestras necesidades básicas, en algunos lugares, en este momento de crisis.

“Hacer que el proceso de recuperación económica y social sea adecuado a largo plazo es parte integrante de un contrato social exitoso para la naturaleza. Y un pacto con las generaciones futuras. Las elecciones que hagamos a medida que salgamos de la pandemia de COVID-19 y cuando las economías se abran nuevamente, bloquearán nuestro camino de desarrollo en las próximas décadas”, señala.

La base de la vida

Silke Cram Heydrich, investigadora del Instituto de Geografía (IGg) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y secretaria Ejecutiva de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, explica que el suelo es la base de la vida en el planeta.

“Cualquier actividad humana tiene efecto sobre los suelos. Si los destruimos, también lo hacemos con la biodiversidad, y los efectos son catastróficos; de igual manera, este daño ocurre en las ciudades. Se ha encontrado una relación entre la biodiversidad en las urbes y la salud humana, y si una persona está sana, resistirá y tendrá mayor resiliencia ante enfermedades”, dijo.

Cram Heydrich señala que tan sólo el cambio de uso de suelo, que inicia con una deforestación y la sustracción de la cobertura vegetal original para empezar a hacer otra actividad, conlleva un proceso de degradación, y de acuerdo con el manejo que se le otorgue, será el grado de severidad.

“La urbanización nos ha alejado de la tierra; quienes vivimos en las metrópolis nos perdemos y desconectamos de la naturaleza, por ello hay que voltear a ver los suelos dentro de esos entornos, no sólo como un bien urbano, sino como suelo de conservación y recurso natural”, dice.

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