Closeup shot of two unrecognizable people holding hands in comfort

Este tiempo que nos tocó vivir ante la contingencia del coronavirus nos lleva a estar en una constante sensación de pérdida. Duelo por aquellas actividades que solíamos hacer y que nos brindaban disfrute, duelo por la dificultad de encontrarnos con nuestros seres queridos y la nostalgia de aquellos momentos gratos que compartimos con ellos, pérdida de la libertad de movimiento, pérdida de la confianza vital por el miedo al contagio y, por último, la posibilidad de perder de manera abrupta a un ser querido.

No todas las pérdidas tienen la misma dimensión y provocan una sensación de ausencia dolorosa. Por ello, es importante asumir el duelo como parte de este tiempo de contingencia y dar lugar a lo que se pierde en su justa dimensión.

Los duelos son un pasaje de la vida con matices distintos para cada quién, tienen una rítmica singular que nos hace rozar emociones y sensaciones únicas, quizá no experimentadas en otras experiencias pasadas. El duelo en mi asociación con la música, nos lleva a ritmos distintos, a sonoridades que pudiesen aturdir o hasta convertirse en melodías que conducen a bellos recuerdos.

No existe un tiempo lógico en el pasaje por un duelo, los tiempos se van procesando de acuerdo a la elaboración que cada persona pueda hacer a partir de los recursos personales. Tampoco una fórmula aplicable a todas las situaciones, cada pérdida representa el dolor en la singularidad de la historia de cada sujeto.

Quizá para algunos la vía de transitar por el duelo sea la negación en la dificultad de asumir que algo o alguien ya no está, o en otros momentos sea el enojo la forma en enfrentar el dolor. Negación, enojo o resignación, entre otras formas de ritmos en las emociones, serán caminos que cada persona encuentre hasta llegar a la elaboración de la pérdida y darle un sentido.

Algunos métodos de afrontamiento tienen tónicas distintas para conducir el camino a la elaboración: mantenerse ocupado, buscar alternativas de apoyo encontrando una escucha que ayude a soportar los ruidos causados por el dolor, el arte como vía de sublimación, la meditación como una forma de encontrar en el silencio y construir día a día momentos de paz. Cada persona encontrará la vía más adecuada para darle un sentido a su existencia a partir de la pérdida.

Vivir también es asumir que hay dolores inevitables cuando perdemos algo o alguien, sin embargo, a partir de un duelo existe la posibilidad de reconstruirnos como persona.

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