La búsqueda de certezas que expliquen los fenómenos que nos rodean es una de las grandes preocupaciones de la humanidad; la ciencia enuncia principios y causas para explicarlos; así como lo hacen profesiones liberales ligadas a la modernidad como el periodismo. La democracia tampoco es viable sin una guía mínima de certezas para que los ciudadanos se conduzcan en la polis.

El Diccionario de Oxford eligió posverdad como la palabra de 2016 y la define como el escenario en el cual predominan las emociones y las creencias individuales en detrimento de la objetividad. En 2017, la palabra fue noticia falsa (fake news), definida como aquella que se reproduce viralmente en redes digitales, sobre todo en tiempos electorales como sucedió en 2016 en EU. Ambos conceptos son un serio desafío para las democracias.

La investigación científica enfoca esfuerzos para explicar este fenómeno. Investigadores del Tecnológico de Massachusetts (Vosoughi, Roy & Aral, 2018) publicaron en Science que las noticias falsas se reproducen seis veces más rápido que los hechos en Twitter y que no es la inteligencia artificial la que los reproduce, sino las personas. Este año, la Comisión de Alto Nivel de la Comisión Europea propone afrontar el problema de manera multidimensional, porque ningún gobierno o empresa puede hacerlo solo.

Facebook, Google y Twitter ya realizan esfuerzos para perfeccionar sus algoritmos. Los medios fortalecen sus redacciones con métodos de verificación como el Proyecto Cross Check puesto en marcha en Francia en 2017 con motivo de las elecciones presidenciales o Verificado 2018 en México, para frenar y exhibir estos contenidos en las campañas de este año. Pero, según la evidencia científica disponible, quienes fabrican noticias falsas tienen intereses políticos y quienes las dispersan somos los usuarios, con lo cual es necesaria la ética política y la educación digital en la cual el pensamiento crítico es imprescindible.

La mentira y la manipulación siempre han estado al acecho de la verdad, pero nunca antes había existido una materialidad digital que facilitara el anonimato ni las posibilidades técnicas para reproducirlas a un clic por segundo. Es tiempo de apostar por la educación digital que nos conduzca a recuperar la verdad como virtud para la vida y la convivencia con los otros en tiempos de Facebook.

Lee más colaboraciones en Voces

Salvador Alva: El futuro del mundo, visto desde Davos

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Ingrese su nombre