AFP

A medio año de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de México son palpables los cambios en el sector energético nacional. De una visión de apertura hacia capital privado e internacional, el establecimiento de mercados y competencia entre actores, ahora se pretende retomar un sector centralizado que, basado en Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), privilegie la soberanía energética, entendida como una mayor producción nacional con menor dependencia de importaciones de energéticos.

El sector energético ya no apunta hacia la competitividad y la eficiencia. La discusión entre expertos del sector está dividida entre quienes favorecen la apuesta de mercados y quienes postulan que Pemex y CFE pueden hacerlo todo si son “operadas con honestidad”. Independientemente de qué modelo se elija, debemos estar preparados para la verdadera revolución energética.

Con un tercio de la inversión total en el sector energético global, el subsector eléctrico lleva tres años consecutivos como el principal receptor de inversiones, según la Agencia Internacional de Energía. Esto refleja el paradigma tecnológico, ambiental, económico y social que imperará en el siglo XXI: mayor demanda por energía cubierta primordialmente por ganancias en eficiencia energética consecuente con una economía de bajo carbono.

Los nuevos requerimientos provendrán de edificios y del uso de combustibles no quemados. Adicionalmente, el gas natural y las energías renovables desplazarán al petróleo y al carbón, respectivamente, como principales fuentes. Este escenario se acelerará, a medida que la red de infraestructura de transmisión y distribución de electricidad se expanda, modernice e interconecte con otras redes para constituir una red eléctrica inteligente.

El reto para México no es de modelo energético, sino de competitividad. La revolución digital y de automatización, esto es, la afamada industria 4.0, también modificará la dinámica del sector energético, la interacción entre productores y consumidores e, incluso, la movilidad en las ciudades por medio no sólo de autos eléctricos, sino autónomos. La prioridad para el sector energético de México no debe ser mirar con nostalgia a un pasado que difícilmente puede replicarse con las condiciones actuales, sino anticipar este cambio en beneficio del Estado, la industria y la sociedad.

Debemos estar preparados para la verdadera revolución energética

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