Isabelle Autissier, primera navegadora en dar la vuelta al mundo sola, dice que en el confinamiento se debe evitar pensar en el calendario. (AFP)

Aunque por voluntad propia, astronautas y submarinistas saben muy bien lo que es vivir encerrados durante semanas e incluso meses, un conocimiento que ahora ponen a disposición de los cerca de 3,000 millones de personas que están en confinamiento en el mundo.

Para el astronauta estadounidense Scott Kelly, lo importante es “no tener demasiadas expectativas”, “porque no sabemos cuándo va a terminar”, explica desde Houston, en Estados Unidos, donde “todavía” no está confinado.

“Cuando estaba en la Estación Espacial Internacional (ISS), era por un año (…) Me esforcé en pensar que vivía allí, que formaba parte de este entorno, que era mi nuevo hogar”.

Kelly sugiere hacer “como si” se viviera en el espacio durante un año: “Tengo que tener un programa, levantarme a una hora normal, acostarme a una hora normal, ocuparme de mi trabajo si puedo hacerlo a distancia”.

Pero también hacer ejercicio y tomar el aire, incluso “sacando la cabeza por la ventana” como “rutina diaria”.

Para gestionar los conflictos, confinados en un apartamento, “si alguien le molesta, hablen, sin agresividad, porque si esconden sus emociones, empeorará”, dice a la AFP.

Para el astronauta, el sentimiento de que “sirve para algo (encerrarse)” ayudará sobre todo a superar el confinamiento. “La gente debe entender que lo que hace ayuda a toda la Humanidad”.

Porque es la misión

La sensación de estar en una “misión” es primordial, subraya Vincent Larnaudie-Eiffel, ex comandante de un submarino nuclear.

Como en un submarino, “confinados en nuestros apartamentos, compartimos una misión que es la de proteger a los otros, protegernos, proteger al personal médico y tener éxito en esta dura prueba”.

Pero “la dificultad es que el tiempo no tiene la misma duración. La víspera se parece al día siguiente, por lo que es importante dar ritmo a nuestros días”.

Como aquellos submarinistas que empezaron a construir maquetas, a tejer o a cultivar plantas sin luz del día.

“Es necesario también que cada uno tenga su espacio. En un submarino, es una estrecha cama. En un departamento pequeño, es lo mismo”.

Probar cosas nuevas

Isabelle Autissier, la primera navegadora en dar la vuelta al mundo durante una competencia, nunca sintió “la soledad como una carga”. “Porque yo lo elegí”.

Pero aquellos que están solos en casa por obligación, pueden quizás “aprovechar este momento para probar cosas nuevas: leer, escuchar música diferente, escribir su diario, hacer fotos, pintar o dibujar”.

“Incluso cosas que no vengan espontáneamente en mente”. Y sobre todo, “no hay que proyectarse”, porque “si te imaginas un calendario, te decepcionas”.

Como en las carreras en mar abierto, “cuando estás en el mar, lo primero es no contar los días. No hay que decir: ‘Llegaré en 3 meses, 1 mes o 10 minutos'”.

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Hablar con alguien

Independientemente de las estrategias, “es normal tener caídas de moral y de productividad. No es una señal de debilidad”, insiste Cyprien Verseux, astrobiólogo de la universidad de Bremen.

“No sumen la culpabilidad a sus dificultades”, explica a la AFP el científico, quien vivió dos experiencias de confinamiento voluntario.

Nueve meses en la base Concordia en la Antártida. Y 366 días con otros 5 voluntarios en una cúpula de 11 metros de diámetro para simular una misión en Marte, en un experimento de la NASA.

Aunque “todos no reaccionamos igual ante el confinamiento”, “con los gestos adecuados, estos períodos eran en gran medida llevaderos”.

Verseux aboga también por la gestión del tiempo, “escoger una o dos actividades, donde se cree, se aprenda algo”. Su elección fue el ukelele.

Hacer ejercicio físico es otra de sus recomendaciones, “incluso con poco espacio o equipos”. Y “asegúrense de hablar cada día con alguien de viva voz”.

Consideración

“Los medios de comunicación actuales suponen una gran ventaja. Hay que esforzarse en utilizarlos”, asegura Frank de Winne, primer europeo en ser comandante de la ISS en 2009.

Cada día, este belga llama a su madre de 86 años, confinada en un apartamento de una residencia de personas mayores. “En video, para que pueda verme“.

Esto también ayuda a su madre a prepararse, ya que sabe que va a llamar.

(También) “hay que ser consciente de nuestro comportamiento (…), ponerse en la piel de los otros”. Y no dejar los calcetines tirados por casa si molesta a alguien de la familia…

 

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