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La donación de órganos no sólo puede salvar vidas, también es clave para ayudar a la ciencia. Principalmente si lo que se dona es el cerebro. Enfermedades como Parkinson, Huntington, epilepsia y Alzheimer aún no están suficientemente estudiadas porque es difícil encontrar donadores de cerebros para su análisis. Esto también retrasa la creación de medicamentos para tratarlas.

José Luna Muñoz ha dedicado 35 años de su vida a la tarea de conseguir cerebros y analizarlos. Aunque es una misión cuesta arriba, ya ha dado sus primeros frutos. “La donación por parte de pacientes sí es un poco lenta, pero la gente está respondiendo muy bien”, dice el neurocientífico, ex coordinador del banco de cerebros en el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, director y fundador del Biobanco Nacional de Demencias (BND).

José Luna en su laboratorio. Cortesía.

Para convencer a los pacientes con enfermedades mentales y a sus familias de que donen los cerebros tras el fallecimiento, el BND creó un protocolo especial: el paciente llena una serie de formatos para manifestar el consentimiento expreso de la donación y luego el personal le explica que el procedimiento consiste en una cirugía de hora y media, se conserva el cuerpo y, posteriormente, personal del biobanco lo transporta para los servicios funerarios.

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Además, Luna ha tejido una amplia red para conseguir donaciones de encéfalos y realizar investigaciones más profundas acerca de Parkinson, Huntington, epilepsia y Alzheimer. “El Instituto Nacional de Neurología y otras instituciones nos han apoyado, en ocasiones nos llegan a donar por mes 56 cerebros por mes”, cuenta Luna. “Los traslados los hacemos casi cada tres meses y en ocasiones nos mandaban 26 cerebros”.

Desde su trinchera, Luna también trabaja en derribar la idea de que las enfermedades mentales son parte del proceso de envejecimiento, pues representa una traba para el estudio de los cerebros. “Normalmente cuando fallecían las personas con demencia, se decía que tuvo demencia senil, señalado como un proceso normal de pérdida de memoria. La Asociación Internacional de Alzheimer ha hecho una campaña para poder eliminar ese concepto del vocabulario clínico, porque da pauta a creer que el Alzheimer es un proceso normal de envejecimiento y eso no es cierto”, destaca Luna.

El investigador ha logrado que el BND sea parte de la Red Latinoamericana de Bancos de Cerebros y con su trabajo inspira la investigación en otros países para lograr que estas enfermedades sean tratadas adecuadamente. “Se está evitando decir ‘demencia senil’, lo que se dice ahora es cada una de las enfermedades neurodegenerativas y características de su clínica. Esto ha ayudado a que los familiares no sólo lo donen para la investigación sino para que le den respuesta de qué es lo que realmente presentó su familiar”, cuenta.

En esta lucha contra el tiempo, Luna ha recibido apoyo de la Federación Mexicana de Alzheimer, que en julio del año pasado organizaron marchas de sensibilización por la donación de cerebros en Sonora. El contacto del BND ya se extiende por 20 estados del país y aunque la pandemia por el nuevo coronavirus retrasa las reuniones, el trabajo en el laboratorio y en webinars sobre la cultura de la donación de cerebros no se detienen.

Sin embargo, el estudio de los encéfalos no basta. El equipo del BND recibe sangre, saliva, líquido encéfalo raquídeo y otros órganos como hígado y páncreas para hacer análisis más detallados que den pistas sobre el origen de las enfermedades y lograr diagnósticos más tempranos. “La hipótesis que estoy manejando en este momento es que posiblemente en el intestino hay algunos cambios previos a las alteraciones que pueden estar en el cerebro, posiblemente ocurren por alguna modificación en la flora intestinal”, adelanta Luna.

Realizar estudios a órganos de personas que en vida padecieron ciertas enfermedades es crucial para enfrentar una crisis que acecha a la humanidad: el rápido envejecimiento de la población mundial. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hacia el año 2050 el 22% de la población tendrá más de 60 años. “A edad avanzada aparecen enfermedades neurodegenerativas, como Alzheimer, parálisis supranuclear progresiva, enfermedad de Parkinson, Huntinton y otras que son la primera causa de discapacidad y dependencia”, explica Daisy Acosta, fundadora del Banco Nacional de Cerebros en República Dominicana.

Las propuestas de las farmacéuticas para atender las enfermedades mentales de los próximos años son inversiones multimillonarias que en muchos casos no logran aprobación. “Desde 2003 que salió la memantina no ha salido otra droga al mercado y no es falta de interés, Lilly ha invertido miles de millones de dólares en tratamientos para Alzheimer pero no tiene una sola droga exitosa que mostrar”, asegura Acosta.

 

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