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La unión hace la fuerza. Y en una pandemia como la de Covid-19, toda la colaboración es vital para acelerar los procesos de tener una vacuna contra el virus SARS-COV-2 lo más pronto posible. Más si se tiene en cuenta que en un proceso común de investigación, propuesta, registro y aprobación, lograrlo puede tomar hasta 15 años.

Por ello, las farmacéuticas Sanofi, Pfizer, Janssen, GSK y la Autoridad de Investigación y Desarrollo Avanzado Biomédico de Estados Unidos suman esfuerzos, informaron sus representantes en conferencia de prensa. Aunque cada laboratorio trabaja en sus propios desarrollos de vacunas, cuando una de estas sea aprobada colaborarán en la producción masiva para que sea accesible a los sistemas de salud de los países con mayor número de casos.

“Son ocho tecnologías para el desarrollo de vacunas, todas en diferentes etapas”, destaca María Yolanda Cervantes Apolinar, directora médica de vacunas de GSK. “Se habla de más de 170 vacunas en desarrollo en el mundo con ocho tecnologías y más de 70% son desarrolladas por la industria privada en colaboración con la academia”.

Las variedades de vacunas responden a diversas estrategias de las farmacéuticas. Algunas utilizan partes del virus en el desarrollo, otras fragmentos de sus proteínas o unas más fracciones de sus ácidos nucleicos para que, al ser aplicadas, ayuden a obtener una respuesta inmunológica para la producción de anticuerpos que combatan al virus en caso de contagio, explica a Tec Review Fernando Fon, director médico y de asuntos regulatorios de la Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF).

En la última categoría –que considera las fracciones de sus ácidos nucleicos– se tienen los mayores desarrollos en marcha, incluso en México ya hay pruebas en animales en el Instituto de Biotecnología de la UNAM.

“Si tenemos las consideraciones regulatorias adecuadas, para la segunda mitad de 2021 podríamos tener una vacuna, en el mejor escenario”, dice Alejandrina Malacara, directora médica de la unidad de vacunas de Sanofi, laboratorio que trabaja con vacuna recombinante, modelo con el que también trabaja el laboratorio Janssen.

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Por su parte, Pfizer apuesta por otro tipo de vacuna llamada ‘ARN mensajero’ (ARNm), que lleva dos años de trabajo colaborativo con el laboratorio BioTech. “Las moléculas de ARNm pueden ser sintetizadas fácil y rápidamente y cada vacuna candidata se puede adaptar si el virus SARS-COV-2 cambia”, explica Alejandro Cané, jefe de asuntos científicos y médicos para América del Norte de la división de vacunas de Pfizer.

Los representantes de los laboratorios enfatizaron que sus esfuerzos conjuntos por lograr una vacuna que ayuda a prevenir más contagios por Covid-19 no persigue fines económicos, pues sólo buscan cubrir costos de producción que serán reinvertidos en las investigaciones para desarrollar más vacunas que estén disponibles para las próximas pandemias.

Los participantes señalaron que si bien la aprobación del uso de vacunas en seres humanos tardará al menos hasta dos años, dada la cantidad de personas que se contagian todos los días de este nuevo coronavirus la producción se complica. Por tanto, la distribución de vacunas se realizará con prioridad en los países que presenten el mayor número de casos, coinciden.

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