La Ciudad de México ha luchado contra la contaminación del aire, pero aún hay tareas pendientes. (Foto: iStock)

Nubes grises se han cernido sobre la lucha contra la contaminación de los cielos del mundo, por lo cual no habrá mucho de qué alegrarse el 7 de septiembre, Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul.

Esta fecha, promovida por la Organización de Naciones Unidas (ONU), es un llamado a gobiernos, empresas y sociedad civil para tomar medidas que reduzcan la contaminación del aire.

Aunque más de 35 naciones, entre ellas México, Estados Unidos, India, Australia y Reino Unido, forman parte de BreatheLife, red de países auspiciada por la ONU y cuyo objetivo es mejorar la calidad del aire a niveles seguros con rumbo a 2030, en el planeta todavía hay tareas pendientes al respecto.

El 92 % de la población mundial está expuesta a un aire con niveles peligrosos de contaminación, una situación que causa siete millones de muertes prematuras cada año, de acuerdo con la ONU.

“La contaminación del aire es un riesgo ambiental para la salud humana y una de las principales causas evitables de muerte y enfermedad en todo el mundo. No sólo eso, también tiene graves efectos perjudiciales sobre el clima, la biodiversidad y los ecosistemas”, se lee en un reporte publicado por Naciones Unidas.

Además, mejorar la calidad del aire traería múltiples beneficios para los países, porque la salud ambiental está indisolublemente unida a la salud humana, según dicho documento.

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El cielo gris de México

En este sentido, Carlos Álvarez Flores, ingeniero químico industrial del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y gestor ambiental desde hace 30 años, comenta en entrevista para Tec Review que seguiremos en aprietos en México si no se crea un código regulatorio nacional sobre emisiones contaminantes y su impacto en la salud.

“Desde hace muchos años he planteado la necesidad de una ley general de calidad de aire que hasta la fecha no tenemos, que aplique a toda la república y a todas las actividades. En este orden de ideas, no hemos hecho mucho, porque no tenemos una ley específica que proteja la salud ante la contaminación atmosférica”, explica este experto, de 66 años de edad.

Además, el problema no es, como comúnmente se cree, solo de automóviles y fábricas, sino también de anafres y heces fecales de animales, por citar otros focos de contaminación no regulados por las autoridades gubernamentales.

En el país, según Álvarez Flores, existen 1643 tiraderos de basura a cielo abierto, de ahí salen más de 10 millones de toneladas anuales de biogas, compuesto por dióxido de carbono (contaminante producido también por la combustión de la gasolina) y gas metano.

“El metano es tóxico y cuando se mezcla con otros contaminantes genera ozono por la acción fotoquímica del Sol. De ese mismo tipo tenemos otras emisiones producidas por la quema de gas y carbón en establecimientos que van desde negocios de pollos rostizados hasta los puestos de venta de tamales, que no están regulados”, explica este especialista del IPN.

Por otro lado, Álvarez dice que existen 46 mil hornos ladrilleros en todo el país que generan muchísima polución. En estos lugares se queman llantas, residuos peligrosos, basura y plásticos. Y tampoco obedecen ninguna norma.

“Luego vienen las mascotas. Hay más de 12 millones de perros y gatos en el país, que generan más de 500 mil toneladas anuales de excretas que, a su vez, producen metano”, explica este ingeniero del IPN.

Hay también 500 millones de pollos, 30 millones de cabezas de ganado y 20 millones de cerdos que  contaminan el aire de México, según Álvarez.  “Los 300 millones de toneladas de excretas de las granjas porcícolas, avícolas y lecheras también generan metano. Esto tampoco está regulado”, afirma.

Otra fuente contaminante no sujeta a ley alguna es el uso de disolventes como el thinner, muy utilizados para pintar carrocerías.

La norma dice que para pintar un automóvil se tiene que hacer en una caseta hermética, pero esto no sucede. En el país hay miles de talleres en los que se pintan los vehículos al aire libre, sobre la banqueta. Ahí se generan compuestos orgánicos volátiles (COVs). Son cancerígenos y también se transforman en ozono con la acción fotoquímica del Sol”, expresa este ingeniero químico industrial.

Respecto a los hogares de México, Álvarez asevera que en ellos cuando menos debe haber 28 millones de estufas y 28 millones de calentadores de agua funcionando con base en gas. “O sea, son 56 millones de pilotos arcaicos y contaminantes, con un diseño surgido durante la Segunda Guerra Mundial. Y no están regulados”.

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¿Qué hemos hecho?

La Norma Oficial Mexicana establece los niveles máximos permisibles de emisión a la atmósfera de humos, partículas suspendidas totales, dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno, además de los requisitos y condiciones para la operación de equipos de combustión.

Sin embargo, la no aplicación cabal de esta reglamentación dio lugar en 2018 a una recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en la que se solicita a las autoridades federales hacer monitoreos más eficientes de calidad del aire.

Esto también se ve reflejado en el último reporte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en el cual se afirma que en 2018 las pérdidas económicas en el país por contaminación atmosférica fueron del 2.8 % del Producto Interno Bruto (PIB). Es decir, 656,779 millones de pesos.

“Estos tantos miles de millones de pesos se deben a los gastos generados en la atención médica de alergias, asma, cáncer, insuficiencia renal, autismo, entre otras enfermedades provocadas por la contaminación atmosférica. En México estamos mal, porque nunca se ha decidido regular todas las fuentes que contaminan el aire”, finaliza Álvarez.

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