The sun sets behind a tree during a heat wave in France (Photo: Pascal Rossignol/ Reuters)

Por Jansel Jiménez Bulle

La avidez de recuperar el paraíso perdido sin haber sido expulsado de él: de esto trata la solastalgia, término acuñado por Glenn Albrecht, escritor, filósofo y profesor jubilado en 2014 de la cátedra de Sustentabilidad de la Universidad Murdoch, en Australia.

En 2005, en su artículo Solastalgia’. A New Concept in Health and Identity, publicado en la revista Philosophy Activism Nature, Albrecht expresó que dicho neologismo tiene sus orígenes en las nociones de consuelo y desolación.

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“Consuelo se deriva de solari y solacio, con significados relacionados con el alivio de la angustia o con la provisión de confort o descanso frente a eventos angustiantes. La desolación tiene su origen en solus y desolare con significados relacionados con el abandono y la soledad. (…) algia significa dolor, sufrimiento o enfermedad. Además, el concepto se ha construido de tal manera que tiene una referencia fantasmal o similitud estructural con la nostalgia, de modo que se incrusta una referencia de lugar. Por lo tanto, literalmente, solastalgia es el dolor o la enfermedad causada por la pérdida o la falta de consuelo y la sensación de aislamiento conectada con el estado actual del hogar y el territorio”, se lee en el artículo escrito por el filósofo australiano.

En su caracterización, Albrecht precisa que en un sentido estricto la solastalgia también es el dolor experimentado cuando se reconoce que el lugar donde uno reside está siendo destruido (desolación física) y se manifiesta en la erosión del sentido de pertenencia (identidad) a un lugar en particular y en el sentimiento de angustia (desolación psicológica) sobre su transformación.

“La solastalgia no se trata de mirar hacia atrás a un pasado dorado, ni se trata de buscar otro lugar como hogar. Es la experiencia vivida de la pérdida del presente como se manifiesta en un sentimiento de dislocación; de ser socavado por fuerzas que destruyen la posibilidad de que el consuelo se derive del presente. En resumen, la solastalgia es una forma de nostalgia que uno tiene cuando todavía está en casa”, se lee así en la misma publicación.

Sequías, deforestaciones, cambios bruscos en el clima o, inclusive, sismos son algunos fenómenos que suelen transformar el entorno inmediato de millones de personas alrededor del mundo, lo cual de acuerdo con Fernando Guzmán Cárdenas, quien cuenta con un doctorado en psicoterapia humanista por la Universidad Nexum de México, de Culiacán, Sinaloa, no sólo genera solastalgia en un sentido negativo, sino también conduce a una mayor conexión entre el ser humano y el ambiente.

“Es una empatía de tal nivel que esas cosas llegan a tener un impacto negativo en nuestras emociones. Sin embargo, éstas no son para huir de ellas ni para menospreciarlas, aun cuando puedan ser mayoritariamente negativas, como en casos de depresión, tristeza o desesperación, síntomas de la solastalgia que nos llevan a también hacernos sensibles por lo que pasa en la Tierra”, explica, en entrevista para Tec Review, Guzmán Cárdenas, quien también es especialista en prácticas clínicas gestálticas por el Centro de Terapia y Psicología, de Madrid, España.

Oportunidad de cambio

Análogamente a la legendaria transmutación alquímica medieval de plomo en oro, las emociones provocadas por la solastalgia se pueden convertir en una oportunidad de perfeccionamiento, en el sentido de que si alguien se siente triste o afligido entonces, por una parte, le toca vivir las emociones y expresarlas, pero, por otro lado, según Guzmán, se abre la puerta a que surja la antítesis de la solastalgia, que es la solifilia.

“La solastalgia sería como un despertar de consciencia que entristece y la solifilia, una respuesta personal para luchar contra determinadas situaciones del mundo, en lugar de sólo quedarse encerrado sin hacer nada. La solastalgia puede ser incapacitante, pero también generar movilización y creatividad muy favorecedoras para la raza humana”, comenta el psicólogo, quien, a través de @drfernandoguzmanc, platica que las palabras utilizadas para describir cualquier situación son muy importantes porque moldean la percepción personal de la realidad.

En este sentido, la interpretación tiene una influencia más grande en la psique que los acontecimientos acaecidos per se. Esto nos lo dice Eduardo Pérez Amezcua, maestro en Psicoterapia Psicoanalítica por Centro Eleia, de la Ciudad de México, quien asegura que existen estructuras internas conscientes e inconscientes, pero el ser humano le da más peso a las primeras, porque son las que puede percibir con mayor facilidad.

“La gente suele decir que se conoce, pero en realidad no se conoce. Sólo conoce la parte consciente, pero la parte inconsciente es la que determina en muchas maneras cómo funciona la gente, en una proporción de 90 %”, explica el psicoanalista, en entrevista para Tec Review.

De acuerdo con Pérez Amezcua, hay muchas personas que creen tener miedo a fenómenos externos, pero en realidad se trata de una cuestión más interna. Por esto, suelen manifestar una ansiedad mayor a la comprensiblemente normal ante un evento de la naturaleza.

El problema surge cuando el miedo es desproporcionado, cuando está fuera de lugar y contexto. El quid de la cuestión no son los fenómenos por sí mismos, sino las circunstancias particulares del sujeto que, según Amezcua, es preciso indagar. 

“Las razones conscientes de por qué alguien hace lo que hace no son las únicas y, probablemente, ni siquiera sean las más importantes. Por esto hay que conocer la simbología propia (del inconsciente), así como un arqueólogo que a partir de encontrar fragmentos (símbolos) dilucida cómo vivían las personas de una sociedad extinta. Se trata de hacer esto, pero con uno mismo”, comenta el experto en psicoanálisis, quien afirma que cualquier fenómeno natural puede dar pie a que el ser humano resignifique positiva o negativamente lo que entiende por realidad.

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