La historia de las fake news antes de Donald Trump
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(AFP) – Con mayúsculas y signo de exclamación: “FAKE NEWS!“. Así escribe el presidente estadounidense Donald Trump esta expresión, la cual ha utilizado más de 200 veces en Twitter para señalar información que rechaza de plano y etiquetar a ciertos medios, a los que bautizó como “Fake News Media“.

En realidad, el término fake news se refiere a “noticias falsas lanzadas con conocimiento de causa al campo mediático”, de acuerdo con Pascal Froissart, especialista francés en rumores de la Universidad de París VIII.

Mucho antes de que el 45º mandatario de Estados Unidos llegara al poder y de que se desatara la crisis de las fake news en las redes sociales, las noticias falsas ya existían, con diferentes nombres: anécdotas, farsas o desinformación.

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Anécdotas bizantinas

El historiador estadounidense Robert Darnton, de Harvard, ve en las “anécdotas” del cronista bizantino del siglo VI Procopio de Cesárea los antecedentes de las fake news.

Estos escritos secretos, descubiertos tras la muerte de quien redactó la historia oficial del emperador Justiniano, están llenos de “informaciones dudosas” sobre los escandalosos de su reino.

Farsas faraónicas

El investigador del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (Iris) François-Bernard Huyghe se remonta a los tiempos de los faraones para encontrar los primeros rastros de desinformación.

La “victoria” de las tropas de Ramsés II frente a los hititas en la batalla de Qadesh del año 1274 antes de nuestra era, registrada en bajorrelieves y textos egipcios, fue en realidad una “semiderrota”. El éxito fue sobretodo “propagandístico, de los escultores y los escribas”, explica el investigador.

Libelos medio ciertos

Los libelos eran textos cortos, satíricos o polémicos que mezclaban abiertamente lo verdadero con lo falso en el siglo XVIII. Se pueden considerar “una forma antigua de fake news“, según el historiador estadounidense Robert Zaretsky, de la Universidad de Houston.

Un libelo de 1771 sobre las Anécdotas escandalosas de la Corte de Francia comenzaba con esta advertencia: “Debo prevenir al Público que algunas de las noticias […] son de lo más verosímiles” y otras de una “evidente falsedad”.

“Canards” e inocentadas

En la misma época surgieron los “canards”, unas populares páginas vendidas a voz en grito en Francia que describían sucesos imaginarios, como la captura de un monstruo quimérico en Chile en 1780.

En el siglo XIX aparecen en la prensa americana los “hoax”, unas “inocentadas” con las que se buscaba vender ejemplares. En 1874, el New York Herald describió la sangrienta huida de animales salvajes del zoológico de Central Park. El artículo terminaba diciendo: “Evidentemente, la totalidad de la historia anterior es pura invención”.

Falsificación de noticias

El término fake news apareció en Estados Unidos a finales del siglo XIX. Entonces se desarrollaba una prensa diaria basada en “la escritura de lo real”, en oposición a la escritura fantasiosa y aproximativa de los “canards”, según la historiadora francesa Anne-Claude Ambroise-Rendu, de la Universidad de Versailles Saint-Quentin-en-Yvelines.

La palabra en inglés “fake” significa ‘imitación’ o ‘falsificación’. “Fake news“, por tanto, no es una “noticia falsa” propiamente dicha, sino más bien una “noticia falsificada” por oposición a las noticias de la prensa seria.

Operación “Infektion”

La desinformación, nacida durante la Guerra Fría, designa la “propagación deliberada de informaciones falsas para influir una opinión y debilitar al adversario”, en este caso el campo occidental, según François-Bernard Huyghe.

Un caso emblemático fue la operación “Infektion”, elaborada por el KGB (Comité para la Seguridad del Estado de la Unión Soviética) y que comenzó con la publicación, en 1983, de un artículo que intentaba hacer creer que el virus del sida era un arma biológica fabricada por los laboratorios militares estadounidenses.

Arrastrados por una falsa matanza

A finales de 1989, el poder de Nicolae Ceausescu en Rumania vacilaba. Imágenes atroces de cuerpos mutilados en la ciudad de Timisoara conmocionaron a la opinión, y los medios occidentales se dejaron llevar.

Pero las presuntas víctimas del régimen comunista resultaron ser cadáveres de enfermos y accidentados, muertos antes de la revolución. “El caso es, sobre todo, una autointoxicación mediática”, escribe François-Bernard Huyghe en el libro La Désinformation.

Fake news con papas y refresco

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