sensación de seguridad al usar cubrebocas
Los residentes practican el distanciamiento social cuando se alinean temprano en la mañana para obtener kits de prueba de coronavirus gratuitos entregados en una clínica del gobierno en el distrito Sham Shui Po, en Hong Kong (Foto: Anthony Wallace / AFP)

Al usar cubrebocas ¿te sientes con menos riesgo de contagio? ¿Relajas otras medidas como la sana distancia o el lavado de manos?

Cuando comenzaron las medidas de confinamiento, autoridades sanitarias advirtieron –incluyendo la Organización Mundial de la Salud (OMS)– que el uso de mascarillas podía dar una falsa sensación de seguridad. El 3 de abril pasado, el subsecretario de la Secretaría de Salud, Hugo López-Gatell, reiteró la advertencia y pidió no desperdiciarlas.

“El llamado es a no desperdiciarlas, hay otras formas de infectarse. Por ejemplo, al tocarse la cara. El llamado es a nos desperdiciar su uso de manera innecesaria durante la epidemia por la Covid-19”, señaló el responsable de la estrategia nacional contra la pandemia.

Pero, ¿realmente nos da una falsa sensación de seguridad?

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Los estudios

Según un estudio publicado por el British Medical Journal ocurre lo contrario. De acuerdo con sus investigaciones se debe descartar esta teoría:

“Crece la evidencia de que el uso de una cubierta facial reduce la propagación del SARS-CoV-2. La evidencia limitada disponible no respalda las preocupaciones de que su uso afecte negativamente la higiene de las manos”, explica el documento.

La investigación fue realizado por los científicos Eleni Mantzari, James Rubin y Theresa Marteau.

Compensando los riesgos

El estudio señala que, además de la compensación de riesgos, son posibles otros dos resultados si se cubre la cara o se involucra en algún otro comportamiento protector.

“En primer lugar, puede no haber ningún efecto. Esto puede ocurrir si dos o más comportamientos, originalmente motivados por el mismo objetivo, se vuelven rutinarios y se activan por diferentes señales. Por ejemplo, si el uso de una cubierta para la cara está marcado por un letrero en la entrada de una estación de tren, mientras que el lavado de manos está marcado por un desinfectante de manos. En segundo lugar, las personas que se involucran en un comportamiento protector pueden ser más propensas, en lugar de ser menos propensas, a involucrarse en comportamientos relacionados”, explica el documento.

Las condiciones bajo las cuales ocurre cualquiera de estos resultados (sin efecto, un aumento o una disminución en otros comportamientos) y cómo esto puede variar entre comportamientos y amenazas, entre individuos, culturas y señales contextuales, se puede conocer.

“Se debe desbancar el término impreciso de compensación de riesgo, con su base teórica y empírica infundada. Debemos reemplazarlo con términos más significativos dentro de un enfoque basado en la ciencia del comportamiento contemporánea”, explican los científicos.

Teoría muerta

Los investigadores señalan que se deben realizar otros estudios para comprender cómo se comportan las personas cuando usan cubiertas para la cara en diferentes tipos de espacios interiores compartidos, observando no solo la higiene de las manos sino también el distanciamiento físico tanto en los usuarios como en otros.

“Estos estudios deben diseñarse para evaluar cómo el espacio está diseñado de manera más efectiva. Se debe buscar maximizar los comportamientos que reducen la transmisión del SARS-CoV-2. Dichos estudios también proporcionarán un contexto para evaluar cómo interactúan estos comportamientos”,  agregan.

Concluyen, entonces, que la teoría de compensación de riesgos es un caballo muerto que ya no necesita ser golpeado.

“Este caballo muerto ahora necesita ser enterrado. Buscamos prevenir la amenaza continua que representa al retrasar la adopción de intervenciones efectivas de salud pública”, añaden.

 

 

 

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