Los agujeros negros son objetos fascinantes predichos por la Relatividad General de Einstein, aunque en realidad el famoso físico no creía mucho en ellos.

Son regiones del espacio-tiempo con una masa y un campo gravitatorio tan colosales que nada, ninguna partícula, ni siquiera la luz, puede escapar de su interior. Por tanto, no se pueden ver directamente; aunque debido a la inmensa atracción gravitatoria que ejercen sobre su entorno, los científicos deducen su existencia de forma indirecta.

Pero hay otra forma de observar un agujero negro. El límite más allá del cual la luz y toda la materia queda atrapada por este oscuro objeto se llama horizonte de sucesos, un punto de no retorno. En el preciso momento en que las partículas cruzan este límite, se emite una descarga final de luz.

Esta emisión se puede observar en el rango de longitud de onda milimétrica. Por tanto, es posible trazar el horizonte de un agujero negro y detectarlo de forma directa. Ese es precisamente el objetivo del proyecto EHT.

Científicos revelaron este 10 de abril la primera imagen directa de un agujero negro. El primer ‘monstruo’ cósmico en haberse dejado captar fue detectado en el centro de la galaxia M87, a unos 50 millones de años luz de la Tierra.

La imagen captada fue lograda gracias a la colaboración internacional por parte del Telescopio del Horizonte de Sucesos (EHT, por sus siglas en inglés) que está conformada por decenas de radiotelescopios situados en Europa, Chile, Hawái. Arizona, México y hasta el Polo Sur.

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