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Por: Gabriel Pérez Díaz

Alguna vez una persona cercana a mi me dijo que a medida que crecemos se vuelve más difícil hacer amigos. Afirmaba que después de la vida universitaria y cuando entramos al mundo laboral, no existen tantas personas de nuestra edad, y si los hay, tendrán trabajos de tiempo completo y estarán llenos de amistades, por lo que no buscarán crear nuevos lazos de unión. Me recomendó que no dejara ir a todas aquellas personas con las que había crecido, en especial las de la universidad.

De esta manera y partiendo del dicho “los amigos son la familia que elegimos”, diversos especialistas, entre los que destaca Silvia Garduño -psicóloga y coach empresarial en FORMATURA-, concuerdan que la escuela es uno de los lugares en donde se hacen los mejores amigos, aquellos que duran para toda la vida.

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“En la adultez nos desarrollamos a través de una identidad propia que ayuda enormemente en las relaciones con los demás individuos, aquí contamos con una serie de gustos, pensamientos y preferencias que nos entrelazan con las personas con mayor fuerza, ya que compartimos lo que pensamos y sentimos”, afirmó.

Sin embargo, un estudio publicado por un grupo de científicos de la Universidad de Darmouth, ubicada en Estados Unidos, sugiere que también la actividad cerebral tiene suma importancia en los lazos afectivos que se crean entre amigos, pues el cerebro responde de forma parecida al momento que los individuos perciben e interpretan el mundo.

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De acuerdo con los resultados, dentro de un grupo de sujetos del mismo entorno, se puede predecir quiénes mantienen una relación de amistad y, además, la fuerza del vínculo social existente entre ellos, simplemente observando su respuesta neuronal frente a una serie de pruebas, en las que responden de manera muy similar

Por otro lado, es importante destacar que esto no quiere decir que dejaremos de lado a nuestros viejos amigos, como pueden ser los de la primaria, secundaria o preparatoria. Sin embargo, a medida que crecemos, nos identificamos con más poder con aquellas personas que tienen una forma de pensar similar a la nuestra. Aunado a esto, el compartir tantas horas que no están excesivamente planificadas, como pasa durante la etapa universitaria, ayuda a forjar lazos de amistad mucho más fuertes.

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“Elegir a través de las preferencias mencionadas anteriormente nos permite realizar lazos de mucha identificación”, destacó.

Asimismo, los largos y demandantes turnos laborales, las exigencias y la competitividad en el trabajo hacen que la gente se refugie en personas que ya se encuentran en su círculo cercano, como viejos amigos, familia o la pareja, más que esforzarse en hacer un nuevo amigo, pues además se carece de tiempo.

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Por último, la especialista puntualizó cada una de las etapas de nuestra vida y cuáles son las características que influyen en ellas para realizar amistades.”En la infancia hacemos amigos por la naturaleza propia de ‘si me cae bien o no me cae bien´, en ningún momento intervienen acciones de terceros que condicionen la amistad con una persona; en esta etapa somos totalmente puros y no estamos contaminados por ideas de terceros”.
“En la adolescencia nos dejamos llevar por una tendencia vocacional y psicológica que influye en la decisión de a quien permitimos que se acerque a nuestra vida”.

“Finalmente, en la adultez contamos con una parte sumamente importante llamada: ‘identidad’, por la que realizamos amistades con mayor impacto y duración en nuestra vida. Aquí nos dejamos llevar por todas aquellas necesidades que están contaminadas por el ente psico-social, es decir, gustos, ideales y preferencias”, finalizó.

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