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POR: Gabriel Pérez Díaz

La leyenda de los vampiros data del siglo XVIII, en donde hombres con un aspecto temible y una fuerza incomparable, cazaban seres humanos para chuparles la sangre y alimentarse de ellos.

Actualmente gracias a los avances en medicina y tecnología, sabemos que aquellos seres ‘superiores’ padecían de distintas enfermedades y que no venían del inframundo como dice la creencia.

Sin embargo, es importante destacar que esta leyenda también está basada en la historia de Vlad Tepes, emperador que existió cientos de años atrás conocido por ser terriblemente sádico y un sangriento luchador que empalaba a sus enemigos tras la batalla y que en ocasiones bebía su sangre. Este personaje fue quien inspiró a Bram Stoker para crear su obra más representativa: Drácula.

Asimismo y volviendo al tema principal, los investigadores sugieren que este mito está basado en algunos padecimientos que generaban terror en una sociedad que poco o nada sabía de ellos.

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Por ejemplo, las porfirias se caracterizan por tener defectos en la formación del grupo hemo, las cuales forman parte de varias proteínas, entre las que destaca la hemoglobina, encargada de transportar el oxígeno en la sangre.

El vampirismo está totalmente relacionada con esta enfermedad, ya que su principal síntoma es la fotosensibilidad, que lleva a la formación de ampollas y quemaduras en caso de que la piel se exponga directamente a la luz del Sol.

De igual forma, otra de sus características es la aparición de anemia, la cual produce un efecto severo de palidez, que aunado a la falta de sol en la piel, empeora la situación significativamente. Además, en el pasado este tipo de patologías se trataban animando al paciente a beber sangre, método que por supuesto no funcionaba.

Por otro lado, el tema de los colmillos también podría tener una explicación relacionada con una de las variantes de esta afección: la porfiria eritropoyética. Aquí, la acumulación de sustancias que se generan en el organismo produce la aparición de manchas rojizas en los dientes, proporcionándoles un aspecto de sangre. Igualmente, genera la retracción de las encías, de modo que todos los dientes parecerían más grandes, especialmente los colmillos.

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También se relaciona a estos seres sobrenaturales con la ‘pelagra’, enfermedad causada por la falta de vitamina B3 y el aminoácido triptófano. Estos pacientes muestran fotosensibilidad, debilidad e insomnio, todos ellos relacionados con la figura ficticia de estos seres bebedores de sangre.

Finalmente, la rabia también tiene una importante participación con este fenómeno, pues el virus asciende desde la zona de la mordedura hasta una zona del cerebro conocida con el nombre de sistema límbico, siendo responsable de parte de los síntomas de estos pacientes, entre los que destacan la agresividad, hipersexualidad y alteraciones del ritmo del sueño.

Por si fuera poco, el momento de mayor difusión de la leyenda coincide con una de las más grandes epidemias de rabia en Europa del Este, lugar geográfico de su aparición. Los pacientes afectados por esta enfermedad fallecían en un plazo de tiempo muy corto y sufrían de una elevada sensibilidad a determinados estímulos olorosos, en ellos el ajo y a verse reflejados en los espejos.

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