(Foto: AnyLú Hinojosa / Arte: Tec Review)

Por: Carlos Galindo Leal*                               

La crecientemente afamada luciérnaga de los bosques de Nanacamilpa, Tlaxcala, apenas fue descrita para la ciencia en 2012 como Macrolampis palaciosi

Durante la romántica época de lluvias, entre mediados de junio y mediados de agosto, los adultos emergen para buscar pareja.

Es durante esa emocionante búsqueda cuando se presenta la actividad lumínica. Dura alrededor de una hora y es tan atractiva tanto para los enamorados bichos como para los indiscretos seres humanos.

El resto del año, las larvas de las luciérnagas viven bajo el suelo alimentándose de lombrices de tierra, caracoles, y orugas de otros insectos.

Al morder a sus presas, las inocentes larvas les inyectan neurotoxinas y las ablandan con sus enzimas digestivas para que la cena esté lista y suavecita. En todas las especies, las larvas producen luz, mientras que no todos los adultos lo hacen.

Las luciérnagas son un grupo de escarabajos que mágicamente producen su luz propia. Estos delicados bichos pertenecen a la singular familia Lampyridae, del latín y griego, lam, pantano y pyr, fuego, que se distribuye en todo el mundo.

En la actualidad se han registrado alrededor de 2,200 especies de luciérnagas a nivel mundial y 228 especies en México. Sin embargo, muchas especies de luciérnagas se han descrito recientemente y seguramente hay muchas más por descubrir y describir.

A pesar de su apariencia indefensa, la mayoría de las luciérnagas son tóxicas debido a la producción de lucibufaginas, esteroides que las protegen de sus depredadores como arañas, reptiles y aves.

En algunas especies las hembras de luciérnagas que no producen el esteroide imitan las señales de otras especies para atraer a los apasionados machos y comérselos. De esta forma, además de obtener proteína, obtienen el esteroide para protegerse. Estos esteroides son parecidos a los que producen algunos sapos y algunas plantas. 

¿Cómo producen luz?

La emisión de luz por organismos vivos es conocida como “bioluminiscencia” y es el resultado de una reacción química. Este fascinante fenómeno ha evolucionado independientemente varias veces en el mundo de los seres vivos. Lo encontramos en bacterias, algas unicelulares, medusas, escarabajos, peces, entre otros organismos.

La producción de luz es el último paso de toda una cadena de reacciones químicas. Al oxidarse la sustancia luminiscente luciferina por la enzima luciferasa se produce luz. Ambos sustantivos provienen del latín lucifer que significa “portador de luz”, otro nombre del planeta Venus.

¿Para que utilizan la luz?

Las larvas de las luciérnagas utilizan su luz para advertir a sus depredadores de su toxicidad, mientras que los adultos utilizan la bioluminiscencia para atraer pareja. Cada especie produce un tipo de luz distinta con una frecuencia particular.

Algunas especies sincronizan su producción de luz como si fueran series de foquitos navideños. Se ha propuesto que las señales de bioluminiscencia originalmente aparecieron como una adaptación a la protección contra depredadores.

Para variar, el enemigo más temido de las luciérnagas es el ser humano. A pesar que hay poco conocimiento de las luciérnagas y su ecología, varios investigadores consideran que al igual que otros insectos, las poblaciones de las luciérnagas están disminuyendo.

Las principales razones de su disminución tienen que ver con la pérdida y deterioro de su hábitat. También con el uso de insecticidas, la contaminación lumínica y con el impacto del turismo desordenado.

Las experiencias en Asia y Norte América en donde se ha promovido el ecoturismo para observar el fascinante fenómeno concluyen que esta actividad tiene que ser limitada. El turismo masivo y desorganizado acabaría con las luciérnagas rápidamente.

Es indispensable mantener el hábitat de las luciérnagas en buenas condiciones, en particular la humedad del suelo. Es importante evitar luz artificial y contaminación por agroquímicos.

Además, es necesario promover el conocimiento de la historia natural de las luciérnagas y de establecer un sistema de monitoreo comunitario para detectar si sus poblaciones aumentan o disminuyen.

Una noche de luciérnagas es una experiencia inolvidable. Ojalá valoremos a estos fascinantes insectos y hagamos un esfuerzo para que el espectáculo lumínico perdure. No permitamos que la luciérnaga de la Sierra Nevada sea muy pronto un recuerdo del pasado.

*Biólogo, ecólogo y comunicador de la ciencia.

 

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