Cuando el científico cognitivo Steven Pinker publicó su libro En defensa de la Ilustración, la reacción de muchos lectores fue de rabia: ¡cómo se atrevía a decir que el mundo estaba mejor que nunca! Las afirmaciones no eran vil optimismo, sino datos que mostraban un mundo mejor alimentado, más sano, en paz y con acceso a diversas comodidades.

Pero el optimismo no es noticia, lo que vende es el miedo. Lo aprendimos con las pandemias del siglo XXI, mucho menos devastadoras que las de siglos anteriores, sin embargo fueron presentadas en los medios como el fin del mundo, una y otra vez. En perspectiva, la pandemia moderna más agresiva fue la de la influenza de 1918, que mató a 50 millones de personas en el mundo, cuando la población era de 1,500 millones y la movilidad global limitada.

Los brotes mediáticos del siglo XXI: SARS, MERS y fiebre aviar no rebasan el millón de muertes, con una población de 7,700 millones y una movilidad global frenética. Esto gracias a los avances médicos y de los sistemas de reacción ante emergencias. En cambio, la influenza estacional mata hasta 600,000 personas al año, pero esto no atrae a los medios porque ya es noticia de todos los días, como la epidemia de obesidad.

La notoriedad mediática de Covid-19 se dio por su alto nivel de contagio y también porque surge en un momento de hiperconectividad. Es la primera pandemia que produce una infodemia: un flujo interminable de noticias en medios tradicionales, digitales y sociales.

Esta infodemia es consecuencia principalmente de la economía de la atención, un modelo de negocio basado en el sensacionalismo, donde se cobra por la velocidad y por el clic. Es común que no existan filtros editoriales y no se verifique la información. Los contenidos alarmistas que reproducen los mismos usuarios de medios sociales contribuyen al fenómeno, lo que genera altos niveles de angustia en personas que están expuestas, no a un virus, sino a cientos de mensajes apocalípticos que reciben por diferentes vías.

Medios y sociedad deberíamos reaprender que la información es un bien público, un servicio fundamental y que el modelo de clickbait, que busca atraer la atención de las personas a través de contenidos sensacionalistas, debe evolucionar hacia uno de rigor editorial en el que todo el mundo pueda confiar. Las herramientas y las propuestas ya existen, una de ellas es el periodismo de soluciones, que se especializa en ofrecer respuestas a diversas problemáticas sociales, pero falta dar el siguiente paso.

*Juan Carlos Villalobos es director de la Licenciatura en Comunicación y Medios Digitales del Tec de Monterrey, Campus Guadalajara.

Esta columna forma parte de la edición Especial de Tec Review de los meses mayo-junio 2020. Lee más columnas de opinión en Voces y consulta gratis la revista Tec Review aquí.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Ingrese su nombre