*Por José Antonio Fernández / Presidente del Consejo del Tecnológico de Monterrey.

Iniciamos una nueva década y, como Tecnológico de Monterrey, renovamos nuestra visión rumbo al 2030 para lograr un México más filantrópico, incluyente, humano y con líderes que tengan la capacidad de responder a la magnitud de los desafíos que están por venir.

Durante los últimos años nos hemos preguntado: ¿cómo serán la educación, la salud y el trabajo en el futuro?, ¿qué tanto cambiarán la tecnología y los negocios?, ¿las universidades seguiremos siendo relevantes?, ¿habrá que plantear un nuevo significado de lo que es un ser humano en este mundo invadido por la tecnología? 

Prever cómo será el mundo en los próximos 10, 30 o 50 años es apasionante, uno puede pasar horas imaginando miles de robots trabajando en fábricas, largas filas de autos voladores y asistentes virtuales que serán casi una extensión de nuestra mente. Pero como dijera el escritor Antoine de Saint-Exupéry: “No se trata sólo de prever el futuro, sino de hacerlo posible”. Las preguntas que debemos hacernos son ¿qué estamos haciendo hoy para volverlo una realidad? y ¿qué implicaciones sociales y de formas de vida nos pueden traer estos sorprendentes cambios?

En el Tec hemos decidido ser protagonistas del futuro y no espectadores. Hoy tenemos un plan estratégico para la próxima década, donde nuestra institución se transformará a partir de su esencia, para enfocarse en un futuro más humano, innovador y centrado en las personas. Nuestra visión es liderazgo, innovación y emprendimiento para el florecimiento humano.

A partir de este año, la brújula de nuestra institución se orientará hacia las tendencias que están cambiando el mundo de la educación. Porque vivimos en un mundo sin fronteras, compartido y de ciudades abiertas, donde el aprendizaje debe ser de por vida y basado en las interacciones de la era de la simulación, que abarca la inteligencia artificial, la realidad virtual y la inteligencia de las cosas.

Queremos construir una nueva dimensión del sueño original de nuestros fundadores, así como ofrecer respuestas ante un mundo que cambia velozmente, siempre de la mano de nuestros valores fundamentales que son la innovación, la integridad, la colaboración, la empatía, la inclusión y la ciudadanía global.

No estamos conformes con el mundo en el que vivimos y estamos conscientes del gran potencial que tenemos para cambiarlo. El progreso no es un resultado automático del paso del tiempo, la transformación en el estado de las cosas precisa del compromiso e involucramiento de todos y en el Tec debemos estar listos y dispuestos para dar el siguiente paso.

*Esta columna forma parte de la edición 27 de Tec Review de los meses enero-febrero de 2020.

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