Jim McKenzie: el ‘arte’ de hacer de lo que te apasiona una marca
Jim McKenzie

Haz lo que más temes. Este es el consejo para toda persona que quiere vivir de hacer lo que le apasiona que da Jim McKenzie, un artista neoyorkino que convirtió su amor por el arte y su talento en una marca que, hoy, le permite comprar un café venti, en ocasiones incluso con un shot extra de espresso, en Starbucks.

“En 2013 sólo podía permitirme comprar un grande”, bromeó en entrevista con Tec Review.

McKenzie fue maestro en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York y pasó aproximadamente siete años animando y dirigiendo comerciales en un estudio, Aardman Nathan Love.

“Fue un sueño hecho realidad. Mi yo más joven habría matado por ese puesto”, recordó. “Cuando era un niño todo lo que quería hacer era trabajar haciendo anuncios animados cuando fuera grande y eso fue justo lo que terminó sucediendo”.  

Pero mientras pasan los años, las aspiraciones cambian. “Empecé a usar las habilidades que adquirí en la industria comercial para hacer mis propias creaciones”, dijo. “Poco a poco, mi trabajo personal empezó a crecer y, junto con el, una audiencia”.

Fue así que Jim McKenzie tomó la decisión de emprender su propio negocio, aunque el inicio no fue sencillo.

“Tuve que elegir entre el increíble y estable trabajo de mis sueños y esta nueva, aterradora y desconocida vida artística sin garantía de éxito”, explicó. “Fue emocionalmente difícil, porque renunciar era como dejar a una familia. Y desde el punto de vista financiero tampoco tenía sentido, pero elegí la segunda opción y terminé sobreviviendo”.

En 2013 McKenzie empezó a vender sus creaciones. La primera fue una pequeña figura de resina, The Pumpkin Crab (El cangrejo calabaza), aún con la intención de dedicarse a su propio arte únicamente en su tiempo libre. Con un costo idéntico al que le significó crearla, el artista estadounidense terminó comercializando 100 de estas figuras.

Beneath The Harvest – Jim McKenzie

“Ese fue el punto de inflexión para mí”, aseguró. “Me llevó a la conclusión de que lo que hago es vendible y podía hacerse rentable”.

Cinco años después, Jim McKenzie aún enfrenta lo que muchos otros emprendedores: falta de comprensión por parte de quienes le rodean. “De vez en cuando escucho a un amigo o a un miembro de la familia bromeando con comentarios como ‘¡Ni siquiera tienes trabajo!’, a pesar de que me siento en un escritorio a trabajar los siete días de la semana”, comentó.

La clave para enfrentar este problema según el neoyorkino es hacer a un lado las falsas oportunidades, la negatividad y las aspiraciones de los demás. “Entiende qué es lo que buscas en la vida y haz todo lo que tengas que hacer para lograrlo”, recomendó.

El reto de crear una marca

La marca Jim McKenzie es una “banda de un solo hombre”. De vez en cuando cuenta con ayuda de su novia Melissa o de su amigo Tom, pero Jim es quien se encarga de todo, más allá del arte.

“Es gracioso, hay tantas variables que entran en ser un artista de este siglo”, afirmó. “A simple vista puede parecer que sólo se trata de salpicar pintura y tener accidentes felices”, dijo en referencia a Bob Ross, “pero implica mucho más: la mitad de la batalla es crear el arte, la otra mitad es comercializarlo”.

Tras terminar una pieza, el trabajo apenas comienza. McKenzie hace todo en su sala, desde fotografiar el producto, editar la captura, publicarla y promocionarla. Además, al artista le gusta filmar el proceso artístico, por lo que también tiene que editar y postear el video.

Parte de su éxito se debe a que no sólo hace figuras o cuadros, sino también mercancía inspirada en los mismos que incluyen calcomanías, posters, pines, playeras y juguetes. Su idea es acercar el arte a todo tipo de consumidores, ya que muchos no pueden pagar una escultura o pintura original.

Estos productos le permiten fabricar una gran cantidad en serie, reduciendo los costos. Jim McKenzie también se encarga de todo este proceso, empacando la mercancía en su propia cocina.

Autorretratos cubiertos de caramelo

“Cada pieza que hago, de forma visible o más sutil, soy yo o es alguien que conozco”, detalló el neoyorkino. Esto se hace visible en obras Nest, inspirada en sí mismo, Pugglepillar, que retrata a su perro Gordo, o Bone Appétit, que muestra a ambos.

Imagen de "Bone Appétit" 16 '' X 20 '' Edición - Edición de 30
Bone Appétit – Jim McKenzie

El arte de Jim McKenzie “es toda una extraña y sutil forma de autorretrato mezclada con terapia y cubierta de caramelo, presentada como una película infantil de alta calidad para que nadie se moleste en mirar más a fondo”, describió.

Al público parece encantarle, especialmente, cuando ve sus videos de proceso, que cuentan con millones de reacciones en redes sociales. “Es un sueño hecho realidad cuando escuchas que algo que creaste puede conectar con alguien más a nivel personal”, dijo.

¿Qué ha aprendido McKenzie de esta aventura? “Todo artista comienza como un aficionado. A veces sus caminos terminan de forma prematura por dudas o falta de información. Espero que con el tiempo mi trabajo sea relacionado con los creadores jóvenes o con aquellos que dudan de sus habilidades artísticas. Espero que los motive a encontrar su creatividad interior y perseguirla. Esta es una de las razones por las que hago videos de proceso, para demostrar que no se necesita de un gran estudio de lujo o herramientas costosas. Si puedes pensarlo puedes hacerlo”, concluyó.

Actualmente Jim McKenzie no sólo comercializa su arte, sino que se dedica a participar en eventos y convenciones, a dar clases gratuitas y a asistir a festivales alrededor del mundo haciendo lo que le apasiona.

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