CHILEAN NATIONAL MUSEUM OF NATURAL HISTORY / AFP

Los científicos le llaman “La Cosa”. Es un misterioso fósil del tamaño de una pelota de baloncesto que se encontró hace nueve años en la Antártida y que hasta ahora permanecía en un museo chileno, en espera de que alguien descubriera su origen.

Una reciente investigación de la Universidad de Chile y el Museo Nacional de Historia Natural reveló el enigma: se trata de un huevo de cáscara blanda, el más grande que se conozca a la fecha, posiblemente de un tipo de serpiente o lagarto que vivió hace 66 millones de años.

Lucas Legendre, autor principal del estudio que publica la revista Nature, considera que la revelación podría cambiar las teorías sobre la vida de criaturas marinas en esa era.

Al respecto precisa Alexander Vargas, académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y director del Proyecto Anillo Registro Fósil y Evolución de Vertebrados: “Esta es una de las pocas veces que se ha encontrado un huevo en un sedimento marino y, además, blando. Es curioso que se haya preservado ahí. […] Esto quizás nos da una pista de en qué tipo de entornos podríamos encontrar otros huevos de este tipo”.

Desde su hallazgo en 2011 los científicos visitantes habían examinado en vano el fósil. Todo cambió hace dos años cuando una paleontóloga de la Universidad de Texas sugirió que podría tratarse de un huevo. La hipótesis no era la más obvia debido a su aspecto: un balón aplastado o un saco doblado de 29 por 20 centímetros sin ningún esqueleto dentro que lo confirmara.

Un primer análisis de partes del fósil revelaron “una estructura en capas similar a una membrana blanda y una capa externa dura mucho más delgada, lo que sugiere que tenía una cubierta blanda”, explica Legendre.

Análisis químicos confirmaron que la cáscara del huevo era distinta de los sedimentos que la rodeaban y originalmente era un tejido vivo. Otras preguntas persisten, como el tipo de animal que puso un huevo tan grande. Hasta ahora solo se había encontrado uno de más tamaño, producido por el ahora extinto elefante de Madagascar.

La hipótesis del equipo de investigación es que el huevo proviene de un reptil acuático, posiblemente del grupo conocido como mosasaurios, que eran comunes en la región. Un apoyo de la teoría es que el hallazgo se realizó en la Isla Seymour, donde se han encontrado esqueletos de mosasaurios y plesiosaurios, otro tipo de reptil marino.

David Rubilar, otro de los participantes en la investigación, añade que gracias al descubrimiento “ahora sabemos que existen huevos de cáscara blanda de este tamaño […] Con este dato podemos comprender un poco más sobre la forma de reproducción de los grandes reptiles marinos de la era mesozoica”.

Otro dato inédito, indica Rubilar, es que en el caso de los fósiles es más frecuente que se conserven aquellos de cáscara dura, mientras que los huevos de cáscara blanda, compuestos principalmente de una capa proteica, tienden a descomponerse con facilidad y no se preservan como fósiles.

HANDOUT / CHILEAN NATIONAL MUSEUM OF NATURAL HISTORY / AFP

Con información de la agencia AFP.

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