Tec Review / Gladys Serrano

“He buscado sin éxito entender la esencia de lo que mantiene unido al Universo”, palabras de Fausto, el personaje que hace poco más de cuarenta años detonó la imaginación de Gerardo Herrera Corral —por aquél entonces un joven adolescente— quien solía leer febrilmente a Goethe en algún rincón de Delicias, Chihuahua.

Esta primera expresión (…) cuando comienza la tragedia, es la pregunta que se plantea la física de partículas, a la que me dediqué toda mi vida”, comenta vía Zoom el egresado de ingeniería física del Tecnológico de Monterrey.

Es la misma interrogante primordial que llevó al también autor de Universo: la historia más grande jamás contada a peregrinar en busca de respuestas por el Fermi National Acelerator Laboratory de los Estados Unidos; el Centro Brasileiro de Pesquisas Físicas, y el experimento ARGUS en el Deutsche Elektronen Synchrotron, en Alemania.

No obstante, donde finalmente encontraría tierra fértil para su pensamiento matemático fue en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del Centro Europero de Investigaciones Nucleares (CERN), conocido como el laboratorio más grande del mundo por el gigantesco anillo subterráneo de 27 kilómetros que cruza la fronteras de Suiza y Francia y que sirve de pista para que las partículas colisionen ofreciendo claves del comportamiento esencial de la materia.

Allí, Gerardo Herrera se erigió en el líder del equipo de científicos mexicanos arraigados desde hace más de dos décadas en el proyecto Alice, uno de los cuatro grandes detectores del LHC (los otros tres son: ATLAS, CMS y LHCb) y para el cual se han hecho contribuciones tecnológicas y científicas que van desde el diseño y construcción de complejos dispositivos, hasta la recabación, análisis e interpretación de datos publicados en más de 400 publicaciones especializadas.

“Es la primera vez que un grupo de mexicanos construyó un detector y lo colocó y lo operó para el funcionamiento y toma de datos. (…) Estamos muy orgullosos de eso. México no había sido partícipe de experimentos de este nivel”, dice Herrera Corral.

E.- Más allá de la investigación, dame un ejemplo práctico para lo que se puede utilizar un acelerador de partículas.

G.- Tiene que ver con la crisis que nos tiene encerrados. Fíjate cuando en 1984 apareció el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), el SIDA, yo lo recuerdo porque yo iba a empezar a vivir cuando me salen con que había SIDA, me quedé muy impactado. En aquel entonces ya existía algo que se llama luz de sincrotrón. Se tardó aquella generación cuatro años en poder describir la estructura del virus del VIH y por eso se tardó tanto tiempo en el desarrollo de los retrovirales que ahora ya son comunes para el tratamiento del VIH. Ahora, en diciembre, nos dimos cuenta de que teníamos un virus nuevo y para mediados de enero, cuatro semanas más tarde, ya teníamos la estructura del RNA del virus.¿Por qué? Porque los chinos tienen un acelerador de electrones que emite luz de sincrotón con la que podemos hacer difracción de virus cristalizados y reconstruir su estructura molecular.

E.- ¿Dirías que tener un acelerador de partículas es un asunto de seguridad nacional?

G.- No solamente de seguridad nacional. Mal hacemos en darle tiempo para ver si los aceleradores pasan de moda. Los aceleradores llegaron para quedarse, los nuevos tratamientos de cáncer son con aceleradores. (…) Ahora se utilizan protones para tratar el cáncer, no electrones, como son los aceleradores que tenemos ahorita en los hospitales mexicanos. Se están construyendo aceleradores de protones para hadroterapia porque los protones son hadrones. Es una manera de tratar el cáncer con mucha mayor precisión, sin dañar tejidos, sin invadir el tejido sano y permite tratar tumores con una gran delicadeza como si fuera un pincel que va dibujando el contorno del tumor.

E.- Son muchos años de carrera, Gerardo. ¿Qué has comprendido con respecto a lo que mantiene unido al Universo?

G.- Hoy pensamos que son cuatro fuerzas. Dos de ellas nos resultan muy familiares a todos, no son un misterio. Una es la gravitacional, la que nos hace caer, con la que nos tropezamos. (…) La otra —que es también familiar— es la electromagnética. Es familiar porque estamos comunicándonos a través de la electricidad, porque conocemos los magnetos y porque sabemos la fuerza que dan los imanes y la fuerza eléctrica que producen. Pero en los últimos 40 años del siglo pasado, nos dimos cuenta que había dos fuerzas más: la fuerza débil y la fuerza fuerte. De manera que tenemos cuatro fuerzas fundamentales en la naturaleza que la mantienen unida pero, como Fausto, estamos insatisfechos. Parece ser solamente cuatro manifestaciones engañosas de algo que está detrás. (…) Pensamos que hay una sola fuerza que mantiene unido al universo y estamos buscando esa sola fuerza, ese es el gran cuestionamiento —la gran cuestión— .

E.- Una de tus facetas más activas tiene que ver con tu labor como divulgador. ¿Cuál es el papel de la comunicación de la ciencia?

G.- Importantísima. Es fundamental. (…) Es una obligación para nosotros que utilizamos recursos públicos y le explicamos a la gente que es lo hacemos con los impuestos. (…) Otra razón, muy personal, es tratar de combatir la arrogancia de la academia y el distanciamiento de los académicos con la gente. (…) Pero la razón principal es la que expresaba Carl Sagan. Él dijo que cuando uno está enamorado quiere que todo mundo se entere. Eso es lo que nos ocurre a algunos con la ciencia, estamos enamorados y vamos contando a todo el mundo lo que hacemos.

E.- Regresando a la tragedia de Fausto, ¿crees que vivirás lo suficiente para encontrar esa respuesta cuya búsqueda iniciaste en Delicias hace 40 años?

G.- Efectivamente, (esa es) la gran tragedia que tenemos los físicos. Nos planteamos toda la vida una serie de cuestionamientos que nos inquietan,  estudiamos y nos dedicamos a eso por toda la vida y al final… se acerca el final, nos vamos haciendo viejos, y nos damos cuenta de que, difícilmente, encontramos respuestas a los cuestionamientos. Las preguntas fundamentales como si existen más dimensiones que las que podemos percibir, si son solamente las cuatro dimensiones —tres espaciales y una temporal— si hay una quinta o no, ¿qué es la materia oscura?..en fin, todos estos cuestionamientos profundos siguen estando ahí. Hemos aprendido mucho de ellos, pero se acerca el final y nos damos cuenta de que las respuestas no están. Empiezo a prepararme para mi vejez y a pensar en este mundo que nos plantea la Teoría de Cuerdas con una quinta dimensión que establece una dualidad fantástica que podría esbozarnos, por lo menos, algunos trazos de lo que podrían ser las respuestas a las preguntas, estas fundamentales que me plantee toda la vida.

E.- Si viniera Mefistófeles como lo hace en la tragedia de Fausto y te pidiera tu alma a cambio de ese minuto de felicidad en el que te revela lo que mantiene unido al universo ¿qué le responderías?

G.- Por supuesto que firmo, como lo hizo Fausto, pero con este jugo humano que es especial, como decía Mefistófeles, porque Fausto se opuso. Dijo para qué quieres que firmemos, que te baste con mi palabra. ¡No, no, no, no! Firmémoslo con este jugo humano, que es la sangre, entonces firmaría con sangre.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Ingrese su nombre