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Una noción flota en el aire y traspasa fronteras. La percepción de que la vida había comenzado a dejar de ser como antes se empezó a entrever, por vez primera y de manera oficial, hace poco más de dos meses.

Sabemos que para mucha gente la vida está cambiando dramáticamente”, expresó Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), durante una conferencia dirigida al mundo entero. 

Aquella intervención del funcionario dio lugar a una serie de recomendaciones de la OMS de aplicación a largo plazo, que pueden ser resumidas en 10 medidas preventivas generales para mantener en buen estado el sistema inmunológico:

  1. Dieta saludable.
  2. Limitar el consumo de alcohol y evitar bebidas azucaradas.
  3. No fumar.
  4. Hacer 30 minutos de ejercicio al día.
  5. No permanecer sentado o en la misma posición por mucho tiempo.
  6. Mantener una mente saludable.
  7. Mantener la sana distancia y usar cubrebocas.
  8. Estar al tanto de la situación de vecinos, familiares y amigos.
  9. Escuchar música y leer libros.
  10. Buscar información de fuentes confiables una o dos veces al día.

 

Felipe Muñoz González, especialista adscrito al laboratorio de enfermedades metabólicas e inmunogenéticas del Instituto Nacional de Medicina Genómica en la maestría de bioquímica clínica, comenta que el objetivo de las reglas que estructuran la nueva normalidad no sólo tiene que ver con fortalecer el sistema inmunológico de los individuos, sino también con reducir el número de virus en el ambiente.

“Todas las medidas de la nueva normalidad van encaminadas a disminuir las probabilidades de contagio, esto es, de tener contacto con una gran cantidad del virus, porque es la carga viral la que determina si se va a desarrollar una enfermedad muy grave, clínicamente ligera o asintomática”, expresa el también egresado de la Facultad de Química de la UNAM.

En entrevista para Tec Review, el científico explica que es posible que alguien reciba poca carga viral y, por tanto, no desarrolle síntomas. De hecho, esto sería lo mejor que pudiera ocurrir: tener contacto con una cantidad pequeña del virus, lo suficiente para no desarrollar una enfermedad y para que el cuerpo genere anticuerpos. 

“Esto pasa siempre cuando estamos en contacto con personas, estamos inoculando virus y estamos creando inmunidad recíprocamente. El ideal nunca ha sido no contagiarse, sino contagiarse con una carga viral mínima. Lo menos posible para no desarrollar una enfermedad clínica grave ni siquiera media, simplemente para ser asintomáticos y permitir que el organismo desarrolle inmunidad”, cometa Muñoz González.

Las medidas promovidas por la OMS, como el uso de cubrebocas y la sana distancia, se deben incorporar a la vida diaria, sobre todo en las actividades sociales que involucran a muchas personas. De acuerdo con el especialista, esto no eliminará el virus, pero sí la cantidad de carga de SARS-CoV-2 intercambiada entre los habitantes de este planeta. 

La enseñanza de la gripe española

En el contexto de la nueva normalidad, es probable que haya rebrotes porque el virus no ha desaparecido, está ahí latente. Así lo hacen ver los estudios epidemiológicos. 

De acuerdo con el especialista, generalmente la primera ola suele ser la más intensa y, después, surgen otras cada vez menos fuertes. Pero se corre el riesgo, como en la gripe española de 1918, de que el rebrote sea más dañino. Actualmente, apenas estamos en la primera parte de la historia. 

“Es muy sabido que en 1918, la mayor cantidad de personas que murió en España, alrededor del 70 %, se dio durante la segunda oleada, después de aproximadamente cinco meses del inicio de la epidemia”, advierte el experto en medicina genómica.

En la primera oleada de Covid-19 ha habido un repliegue de una buena parte de la población de México, sin embargo ahora va a volver a salir a las calles, por lo cual, según Muñoz, es preciso monitorear muy bien los rebrotes, “sobre todo en zonas donde no ha llegado en mucha magnitud el virus. Ahí la gente no ha tenido realmente mucho contacto con él, entonces hay una alta posibilidad de aumento de contagios”. 

La ilusión de que todo sigue igual

La resistencia al cambio es una característica de la psique humana. Las transformaciones de hábitos que provoca la transmisión masiva de un virus no ocurren de manera espontánea, sino todo lo contrario.

Ante situaciones de crisis, se manifiesta una rigidez mental que, de acuerdo con Carlos Verlón Barragán, filósofo de la UNAM, fue magistralmente explicada en La Peste, novela del escritor francés Albert Camus, la cual aporta reflexiones que permiten comprender la situación que hoy experimenta la sociedad.

“Lo que muestra Camus en su novela es que las personas luchan mucho por mantener el mismo tipo de vida, a pesar de que todo indica que deben cambiarlo. La peste que describe Camus está basada en un hecho real (epidemia de cólera) que ocurrió en la ciudad argelina de Orán, en 1849”, comenta Verlón, en entrevista para Tec Review.

En la novela, la peste llega y se va sin que los habitantes hayan podido hacer algo para que entrara o se fuera. No llega como creación humana ni cuando se va es gracias a la intervención del hombre. Sin duda, una situación de incertidumbre análoga a la realidad actual y potenciada por la tendencia de oposición al cambio. 

“Eso es lo que pasa: la naturaleza humana tiende a conservar los mismos hábitos, mientras que la naturaleza no humana nos fuerza a que entendamos que tenemos que modificarlos. En general, los seres humanos solemos modificar sólo un poco las costumbres e intentamos todo el tiempo hacer como si no pasara nada”, concluye el filósofo. 

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