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Por: Diana Zavala

En las elecciones de hace seis años, Óscar Mújica trabajaba en una agencia de publicidad y el triunfo de Enrique Peña Nieto le decepcionó. Dejó de lado los sentimientos y siguió su jornada laboral, pero su día no se llevó a cabo de manera cotidiana, como lo planeaba. Uno de sus compañeros de otra área pasó el día vanagloriándose del triunfo del candidato por el que votó. Sus festejos iban desde comentarios, hasta ir al lugar de Mújica para recordárselo. Esto, si bien no le afectó emocionalmente, provocó que evitara interactuar con el otro departamento y postergó varias actividades importantes.

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Las expresiones acerca de lo ocurrido en las contiendas electorales son tan necesarias como inevitables, pero cuando el candidato preferido de una persona resulta ganador, en ocasiones se convierten en alardeos que pueden acabar en ofensas hacia otras personas. Cuando estos problemas se dan en el entorno laboral, puede llevar a la creación de un ambiente tóxico y hasta mobbing (bullying laboral), lo que puede afectar a los trabajadores y al negocio, ya que entorpece los procesos y baja la productividad, explica Elisa Lloyd, gerente de Desarrollo Organizacional de MITEC México.

Un empleado tóxico que tiene este tipo de actitudes con sus compañeros de trabajo, puede provocar pérdidas económicas para la empresa. Al año, un empleado con malas intenciones en un equipo de 20 personas puede hacer que la compañía pierda hasta 12,800 dólares, indica el último estudio sobre trabajadores tóxicos de la consultora organizacional Cornerstone OnDemand, publicado el año pasado. Además, los talentos que son productivos y valorados por el negocio, tienen 54% más de probabilidad de renunciar si trabajan con un compañero “incómodo”.

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Aunque al inicio puede parecer ser inofensivo, presumir en estos días los resultados de las elecciones puede desencadenar problemas más graves, y las respuestas de los compañeros de trabajo pueden llegar hasta violencia, advierten los especialistas consultados.

“Puede generar conducta pasiva (por parte del equipo de trabajo) en el mediano y largo plazo. Esta sería sentir indiferencia a la persona que es engreída, la gente decide poner una barrera. O también se puede responder de manera agresiva, con violencia: desde gestos que muestran desprecio, hasta palabras hirientes”, explica Gala Camberos, vocera experta de American Management Association en México, asociación de capacitación empresarial.

Evita que afecte al negocio

La primer etapa en la que se debe actuar es cuando comienzan los festejos, ya que impide que desencadene problemas a mediano plazo. En este caso,Camberos recomienda que sea un colega y amigo de confianza que sea afectado por la situación el que se acerque a platicar con la persona.

Durante la conversación, Camberos recomienda usar frases frases como ‘me siento mal’, ‘me siento incómodo’, ‘estoy molesto’. Luego, se debe citar la forma en que esto afecta: ‘Esto me afecta porque te aprecio, porque trabajo contigo, porque me importa, porque somos compañeros de trabajo, porque formamos parte del mismo equipo’.

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Al final, se sugiere hacer una petición que dará pie a la negociación. ‘Te pido que moderes este comportamiento, que seas más sencillo con tus éxitos’. Y terminar con la pregunta: ‘¿Qué opinas al respecto?’ Así se brinda la posibilidad de aclarar cualquier malentendido o de abrir una retroalimentación con la persona, aconseja Camberos.

“Debes aceptar a tu compañero y escuchar. Lo que le falta puede ser sentirse integrado al equipo de trabajo y, por lo tanto, comienza con este tipo de comentarios que derivan en agresiones. Yo recomiendo que los colaboradores sean más directos con la persona y le dieran la oportunidad de rectificar sus acciones”, agrega Elisa Lloyd.

En caso de que no se llegue a ningún acuerdo o no se pueda entablar la conversación, Camberos recomienda que el jefe del departamento sea la siguiente persona que acuda a hablar con el trabajador. “Escogiendo un lugar y un momento adecuado de abordar el tema, poniendo ejemplos claros y muy objetivos de lo que hace y cómo afecta al equipo, y exhortando o ayudándole a ver el ambiente que genera en la compañía”, apunta.

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Si después de esta etapa no se puede arreglar el acuerdo, es el momento de que intervenga el área de recursos humanos. En este caso, ya se debería actuar de manera más formal, es decir, trabajar con un psicólogo o un coach, ya que se podría tratar de un problema más profundo. El proceso puede acompañarse de pláticas en las que se le deje claro al trabajador que es parte de un sistema en el que todos son engranes importantes para que sucedan las cosas.

Elisa Lloyd comenta que por su parte, la compañía debería impartir constantemente talleres de inteligencia emocional para garantizar la buena convivencia de los trabajadores.

Y, sobre todo, una última recomendación: el mensaje de ayer de López Obrador fue conciador. Nada mejor que seguir el ejemplo.

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