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En el hemisferio sur es pleno verano y por la inclinación de la Tierra hacia el Sol, que eleva la temperatura, y los vientos que se presentan en Australia desde septiembre no ayudan al personal de emergencia a mitigar los incendios que tienen sitiada a la población del este y sur del país. 

Miles de viviendas han sido arrasadas por las llamas y su impacto hasta el momento es casi cinco veces mayor que los incendios de la Amazonía y los de California registrados el año pasado.

Hay varias condiciones que provocan la persistencia de los incendios en Australia que han cobrado hasta el momento 25 vidas humanas, alrededor de 500 millones de animales afectados, 1,500 viviendas destruidas y seis millones de hectáreas quemadas.

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La primera es el constante crecimiento de la temperatura promedio. De acuerdo con la Oficina de Meteorología del gobierno de Australia, desde 1970 a 2019 la temperatura promedio anual se incrementó entre 0.5  y 1.5 grados. Apenas en diciembre, la temperatura récord llegó a los 41.9 grados centígrados.

Otra explicación sobre porqué los incendios son tan persistentes en esa región es un fenómeno climático conocido como “Niño Indio”. Se trata de un periodo de calor y sequía que permitido la propagación de los incendios y, por tanto, los equipos de bomberos, voluntarios y ejército australiano no logran controlar las llamas.

Acciones de mitigación

Algunas de labores del gobierno australiano para tratar de detener la propagación de las llamas a nuevas áreas son el uso de aviones para llevar agua a las zonas con incendios y creando zanjas en la tierra para reducir el avance.

El primer ministro del país, Scott Morrison, anunció un fondo de 1,400 millones de dólares (mdd) para la recuperación tras la contingencia de los 130 incendios activos hasta hoy.

Bomberos, voluntarios, policías y miembros del ejército local se han sumado al combate de los incendios pero aún no hay un horizonte estimado para controlar la emergencia.

El humo de los incendios australianos ha viajado más de 11,000 kilómetros hasta las costas de Chile, donde se percibe la humareda y puede continuar su camino hacia Argentina, de acuerdo con la meteoróloga chilena Edita Amador. 

Con información de agencias.

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