Enseñar tu propio idioma: una opción para viajar barato
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Anastasiia Pavlovska es una ucraniana a quien le encanta viajar y conocer el mundo. En algún momento ya había pisado cada uno de los continentes, sin embargo, le faltaba un destino: Latinoamérica.

Fascinada por la calidez de sus habitantes y por el activo estilo de vida de las grandes ciudades de la zona, la joven decidió que su siguiente meta sería llegar a tal lugar, pero sabía que para lograrlo necesitaba encontrar una manera de costear su viaje.

Así, Pavlovska encontró la respuesta en otra de sus pasiones, compartir su cultura con otros, en esta ocasión, su idioma. Finalmente, la ucraniana cumplió su objetivo dando clases a lo largo de América Latina, a donde se terminó mudando.

De manera similar, hasta el momento, casi un millón de extranjeros que han visitado México han decidido quedarse, 8.7% de ellos tras encontrar oportunidades de estudio o de trabajo en nuestro país.

Lo mismo puede ocurrir de manera inversa: mexicanos llegando de visita o con miras a mudarse a otra nación.

Solo considerando el inglés, por ejemplo, la International TEFL Academy calcula que hay cerca 250,000 hablantes nativos dando cursos de idiomas alrededor del mundo.

Para los viajeros, tener un trabajo que les reditué y al mismo tiempo les permita seguir conociendo el mundo es vital, considera José Manuel Sánchez, cofundador y director de Políglota México, una startup de origen chileno que une a hablantes nativos con potenciales estudiantes en busca de alternativas para aprender idiomas.

“En ese sentido, una combinación entre tecnología y comunidades de estudiantes se ha convertido para estos nómadas en una opción viable para viajar mejor y más barato”, agrega en un comunicado.

¿Cómo? “Al trabajar algunas horas a la semana pueden ganar dinero para hacer más económico su viaje, con la libertad de ajustar sus horarios y tener grupos reducidos”, dice Sánchez. En Políglota México, por ejemplo, los maestros o “coaches” llegan a ganar entre 2,000 y 8,000 pesos al mes.

Y las oportunidades que este modelo ofrece a los viajeros van más allá de la retribución económica.

“Hoy hablo y entiendo cinco idiomas: español, inglés, francés, alemán y rumano”, cuenta Cristopher Adams, un residente británico que da cursos de inglés en Chile. “El idioma que más he estudiado es el español y, específicamente el que se habla en Latinoamérica me parece el más desafiante y rico. Esto me ha permitido conocer gente muy diferente, compartir vivencias, aprender y divertirme en el proceso”.

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