Marcos Arámbula (Jansel Jiménez)

“Es un golpe a la soberbia del ser humano que se creía rey de la creación, pues resulta que un bicho, el coronavirus, que no llega ni a ser vivo, está dominando a la humanidad”, comenta Marcos Arámbula Moreno, jugador internacional de go, quien también considera que de este juego milenario chino se pueden obtener consejos para armonizar con la naturaleza y enfrentar sabiamente los desafíos.

Los grandes felinos atacan a sus presas justamente a la yugular para, al igual que el coronavirus, cerrar las vías respiratorias y aniquilar rápidamente; o sea, ambos son grandes economistas del esfuerzo, de acuerdo con Arámbula, quien además afirma que precisamente el ahorro de energía y la no subestimación de los rivales son principios clave para triunfar en el juego del go.

“La humanidad, frente a este minúsculo ser, resulta que se está enfrentando con un gigante. En el go también hay ocasiones en que los rivales son gigantes, aunque no lo aparenten. La humanidad, creyéndose fuerte, actualmente juega una partida con un virus que proyecta una sombra gigantesca y ataca por todos lados”, explica el también arquitecto egresado del Instituto Politécnico Nacional.

En la partida del go hay tres etapas: apertura, medio y final del juego. En la fase inicial es muy difícil definir el porqué de una jugada, porque son innumerables las formas de llevarlas a cabo. “Sólo por la experiencia de siglos ya se saben patrones de cómo, más o menos, comenzar acertadamente una partida. En esta situación, de apertura, estamos nosotros ahora frente al coronavirus, porque son impredecibles los efectos de las jugadas en el tablero llamado planeta Tierra”, comenta Arámbula.

El experto sugiere que la humanidad debe oponerse con respeto y humildad al coronavirus, porque no se sabe exactamente bien con qué nos estamos enfrentando. Viéndolo fisiológicamente, sería como una partida entre el virus y el organismo. “Ante los ataques del virus, tenemos, sobre todo, que fortalecer nuestro sistema inmunológico, para que no nos gane nuestro territorio, que es nuestra vida”, expresa el jugador mexicano de go con más de 30 años de experiencia a nivel mundial.

El plan de la humanidad, según Arámbula, no debe ser aniquilar el virus, sino ganarle el territorio (las vidas de los seres humanos) como sucede en el go, y no como en el ajedrez donde el objetivo es desaparecer del tablero al enemigo y, finalmente, poner en jaque y darle mate al rey.

“En el go de lo que se trata no es de eliminar completamente al rival, porque entonces ya no habría juego. El oponente nos tiene en situación de seki (equilibrio) porque ni lo hemos podido derrotar ni tampoco nos ha derrotado. La sabiduría del go nos dice que no hay que aniquilar ni dejar que nos aniquilen, sino coexistir en paz. La humanidad debe buscar un justo equilibrio con el coronavirus, para que no nos gane la partida”, dice el experto.

Sin obsesión

Cuando se pierde la atención y se enfoca en sólo una parte del tablero (el planeta), se pierde la visión de la totalidad. Porque, de acuerdo con Arámbula, cada jugada que ocurre en un lugar particular del tablero tiene repercusión universal.

“Lo importante es ver lo particular y lo general simultáneamente. Entonces enfocarse solamente en lo particular (cuidados personales) o solamente en lo general (planes de los gobiernos) son estrategias equivocadas”.

“Tampoco se trata de tener una estrategia como la del ajedrez, en la que se pretende aniquilar al rival, y menos considerando que el virus no llega ni a ser vivo, pues es sólo un segmento de ARN. En el go también hay que economizar jugadas, porque ser obsesivo nunca lleva a ganar”, finaliza. 

La cultura del go

Se trata de un juego de estrategia surgido hace alrededor de 4 mil años en China. Se caracteriza porque se juega con elementos muy sencillos: un tablero de madera, que es una cuadrícula de 19 x 19, y en las intersecciones de las líneas se colocan alternativamente fichas blancas y negras.

“A diferencia de juegos como el ajedrez en que las piezas cambian sus posiciones, en el go una vez colocadas las fichas permanecen ahí, salvo que sean capturadas por el rival”, explica Ricardo Quintero, doctor en ciencias e investigador en matemática educativa del Cinvestav.

El propósito del juego es dominar territorio y, aunque las reglas son muy sencillas (se pueden aprender en unos cuantos minutos), según Quintero, es un juego mucho más complejo que el ajedrez, porque tiene muchas más posibilidades de estrategias.

“Hay leyendas sobre el origen del juego del go. Una de ellas dice que había un emperador que tenía un hijo no completamente preparado para que pudiera tomar todas las responsabilidades y decisiones para controlar el imperio. Entonces uno de sus generales desarrolló el juego para ayudar al hijo del monarca a desarrollar su capacidad de concentración, su poder de decisión y su capacidad de pensamiento estratégico”, explica el también maestro de go en el Centro Cultural EKO, en la Ciudad de México.

Su filosofía tiene mucho que ver con el aspecto colaborativo. Aunque sea un juego de competencia en que siempre hay un ganador y un perdedor, los dos jugadores siempre logran formar algún territorio. Es una expresión del aún vigente paradigma oriental del yin y el yang, conocido en Occidente como el contraste de opuestos.

“Algunos maestros dicen que los buenos juegos de go son como una obra de arte que se hace entre dos personas. Además, puede ser un modelo para fenómenos complicados que tienen que ver con la posibilidad de confinamiento. Se han hecho modelos, basados en el go, que se han tratado de aplicar a crecimiento de tumores cancerosos, por ejemplo”, dice el investigador.

Las artes tradicionales de oriente, no sólo el go, son actividades que buscan el perfeccionamiento integral de los seres humanos. “Recuerdo que a un maestro de arreglo floral, un arte tradicional japonés, alguna vez le escuché decir a sus alumnos que en realidad la meta no era hacer arreglos florales bonitos, sino hacer personas bonitas. En el caso de una buena práctica del go, el objetivo es formar mejores personas”, concluye Quintero.

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