(Photo: Tec Review)

Medio minuto para intubar, con impecable precisión, a un paciente crítico. Tomar muestras a posibles positivos a los que hay que tranquilizar, porque llegan muy asustados al laboratorio. Vivir la jornada laboral enfundados en capas de ropa, guantes y protectores que hacen imposible tomar agua o usar el baño. Autoaislarse de la propia familia, al grado de evitar el beso de los hijos. Ir todos los días a un hospital, justo el lugar que nadie quiere pisar por la pandemia de Covid-19.

Todas son estampas que, en los últimos meses, han vivido algunos de los colaboradores de TecSalud, el sistema de salud del Tecnológico de Monterrey, que están en la primera línea de atención de casos de pacientes con Covid-19.

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Pudieron haber dicho que no, pero decidieron dar un paso al frente, al igual que muchos otros miembros del personal médico en México y el mundo. Aquí están algunas de sus historias:María Tapia / Auxiliar de limpieza en áreas Covid-19  

55 años. Vive sola

Me levanto a las 4:00 de la mañana, tomo mi camión, llego al centro y ahí abordo el transporte que nos ponen para llegar al hospital, donde inicio jornada a las 7:00 horas.

Mi trabajo es hacer la limpieza de las salas de cirugía, me toma dos horas y media porque tengo que limpiar paredes, muebles, equipo quirúrgico, pasillos, regaderas y otras áreas. Yo vivo sola y lo peor que te puede pasar es no poder ver a tu familia.

La última vez que vi a mi hijo, su esposa y mi nieta fue en marzo. La niña tiene cuatro años y me pregunta: “¿Tita, cuándo vas a salir de trabajar para que vengas a jugar a mi casa?”. ¿Qué le respondes a una niña de esa edad? A veces, no tienes palabras para contestar.

Luis Alberto Barrientos / Especialista en medicina crítica y anestesiólogo

41 años. Vive con su esposa y con sus dos hijas

Me dedico a los pacientes más graves en cuidados intensivos. Son a los que te llevas contigo las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Intubar a un paciente requiere de un buen entrenamiento y experiencia. El procedimiento está catalogado como el de mayor riesgo y con más probabilidad de contagio. Lo debes hacer en un tiempo muy corto, porque son pacientes que están muy graves. Tienes que hacerlo en menos de un minuto y actuar con gran precisión.

Para mí el punto más difícil de toda esta pandemia de Covid-19 es haber disminuido el contacto con mis hijas sin afectarlas emocionalmente: si me abrazan les correspondo, pero trato de evitar tocarlas por precaución. Definitivamente tengo miedo, pero a esto es a lo que me dedico, me gusta hacerlo y lo quiero hacer.

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Gerardo Saucedo / Laboratorista

19 años. Vive con sus padres

Mi trabajo es hacer las tomas de muestra a los pacientes que ingresan como casos sospechosos de Covid-19. Muchas veces llegan conmigo con miedo, están nerviosos y creen que la prueba duele. Los tengo que tranquilizar, decirles que todo va a estar bien y hacer que se calmen porque, si no están tranquilos, podría lastimarlos.

Cuando empezó todo esto tenía miedo porque no sabía a qué nos estábamos enfrentando, sin embargo fui la primera persona que quiso entrar con los pacientes. Siempre quise estar al pie del cañón y lo voy a seguir haciendo.

Vivo con mis padres, pero aislado en la planta alta de mi casa. Bajo a comer o cenar y convivir un poco, pero en mi día a día vivo en la parte de arriba. Mi familia me motiva y les parece muy impresionante lo que hago. Algo que tengo en mente en todo momento es regresar para verlos de nuevo.

Damaris Cardona / Enfermera de emergencias

28 años. Temporalmente vive con un colega

Cuando estaba en mi casa no me querían correr, pero vivo con población en riesgo: mi madre es diabética e hipertensa y tengo muchos sobrinos. Por precaución no podía seguir ahí y ahora estoy más tranquila.

Realmente me gusta lo que hago y tomo todas las precauciones. Por temas de capacitación, al principio tuve varias guardias en el hospital San José, incluso de noche. Alguna vez dormí en el carro, porque en dos o tres horas tenía que regresar. Además de ser enfermera, estudio Ingeniería en Computación Administrativa en la universidad Tecmilenio, a veces me desvelo y se me complica comer.

Traer el equipo de protección no es fácil, los goggles ejercen presión y, si están muy apretados, producen dolor de cabeza y de nuca. No es fácil, a veces me desespero. Dios quiera y salgamos pronto de esto.

Es algo que recordaremos siempre, más cuando una vida se nos fue a nuestro cargo o cuando la fatiga se resintió el doble al tener que dar RCP con todo ese equipo encima. Son tantos sentimientos encontrados.

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Carolina Castillo / Internista

34 años. Vive con una amiga

Nuestro trabajo en muy reconfortante, porque generamos un impacto real en la vida de las personas, pues no solamente están enfermos, asustados o estresados, también están aislados y tenemos que estar ahí para ellos.

Mi mejor momento en la pandemia fue cuando dimos de alta a un paciente que estuvo 29 días en terapia intensiva y otros nueve en piso. Pasó de estar al borde de la muerte a regresar a su domicilio. Es una historia milagro, de esas que piensas que no van a suceder.

Al principio todo fue muy abrumador. En nuestro turno usamos cintas de protección, dos pares de guantes y de botas, un overol y una bata, un cubrebocas especial, goggles apretados y otras piezas de protección. Al ponerte todo el equipo y empezar a caminar con él sientes que es un horno. Además, no podemos comer ni beber, tampoco tocarnos la cara, incluso si se nos empañan las gafas.

Cuando las personas reciben el alta médica y regresan con su familia, te das cuenta que el esfuerzo y el cansancio han valido la pena.

Juany Peña / Auxiliar de limpieza en áreas de emergencia

53 años. Vive con su esposo e hijo

Nuestro trabajo es cuidar a las personas. Si un paciente llega lo tiene que hacer con la confianza de que en el hospital todo está desinfectado. Tenemos que ser muy minuciosos con el trabajo, cuidar a donde llegan y darles siempre lo mejor de nosotros.

Estamos atrás de los doctores y los enfermeros, pero aun así ponemos nuestro granito de arena y hacemos lo mejor. Mi principal motivación para estar aquí es que yo quisiera que si alguno de mis familiares llegara a enfermarse otros hicieran lo que yo hago. Los conozca o no los conozca es gente, son seres humanos.

Un momento difícil al principio fue cuando sentí el rechazo de algunas personas en el hospital: me alejaban por pensar que yo podía tener el virus, eso fue al inicio de la contingencia y ya lo superé.

Miguel Ángel Cárdenas / Enfermero de terapia intensiva

32 años. Vive en un hotel con otros compañeros

Yo procuro la higiene y el confort de los pacientes. Es un trabajo extenuante porque va desde el lavado de boca, aseo general, baño, suministro de medicamentos y vigilancia permanente.

Antes de iniciar la jornada debemos prepararnos física y psicológicamente. Una vez que tienes el traje de protección no puedes ir al baño y algunos compañeros han presentado globo vesical por aguantarse, eso genera mucho dolor e incluso ha habido infecciones urinarias.

Nosotros estamos viendo la pandemia cara a cara, esto no es un invento del gobierno como suele decirse en las redes sociales. Lo vivimos como un deber ético y profesional, algo que es difícil de hacer y es duro. Me motiva saber que estoy haciendo algo para que podamos retomar nuestra vida cotidiana.

Escucha en nuestro podcast: Hablemos de Salud Mental

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