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Por Marisol Rueda*

En sus 15 años como emprendedor, Federico Casas ha vivido de todo: le ha tocado ser el socio que más trabaja y también el que menos lo hace. Ha tenido socios que han estado con él en las buenas y en las malas, y otros le han jugado sucio.

Una de esas experiencias negativas ocurrió con una empresa de la que él ya había salido, pero seguía siendo accionista. Sus socios le pidieron que les vendiera su participación, argumentando que sería una mejor distribución.

Él se las regaló y luego ellos vendieron esas mismas acciones a un inversionista.

“La falla pudo ser que no los investigué bien, pero también es importante entender que todos los seres humanos somos impredecibles”, asegura Casas, cofundador de 0BS, firma de inversión para empresas tecnológicas en etapas tempranas. “Estoy seguro que cuando me pidieron mis acciones no lo hicieron para transarme, lo hicieron para ganar ellos, no tenían en mente mi perjuicio”.

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Toparse con el socio equivocado es común en la vida emprendedora y las consecuencias son graves. Los socios no sólo pueden enfrentar el fracaso del negocio, también es posible que tengan grandes pérdidas económicas y acaben envueltos en tortuosos juicios legales que terminen con la relación de amistad o familiar que existía.

Por ello, encontrar al socio ideal para emprender es una de las tareas más titánicas, no es una elección trivial. Titto Gálvez, asesor de negocios y dueño de la agencia especialista en emprendimiento The Starters, considera que la búsqueda es especialmente difícil debido a la falta de conocimiento que existe sobre el tema en México.

Además, señala Casas, lo primero que hace un emprendedor comúnmente es buscar a sus amigos o familiares para iniciar un negocio. “No es que eso esté mal, pero hay que tener mucho cuidado”, advierte. “Lo idea es asociarse con alguien por sus habilidades, no por el parentesco o su cercanía. Si te asocias con un amigo o con un familiar estás poniendo en riesgo esa relación”.

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Los especialistas coinciden en que la elección debe tomarse en función de las habilidades, la experiencia, la ética, los valores, la resiliencia y el capital disponible para invertir. Tener en cuenta esto permitirá hallar al socio complementario, que aporte beneficios, que sea capaz de ayudar a cumplir los objetivos del negocio y que sea un aliado en situaciones difíciles que requieren empuje y rápida capacidad de reacción.

Lograr la mejor elección empieza por investigar. “Pregúntale a personas que lo conocen cómo se ha comportado en otros negocios, habla con proveedores e incluso con algunos de sus profesores”, sugiere el cofundador de 0BS.

Contratar un asesor o buscar un mentor puede ayudar a eficientar este proceso. Una de las reglas no escritas para esta etapa del emprendimiento dicta que es mejor contratar como empleado al posible socio antes que darle participación. Si la sociedad es el único recurso para sumar a una persona a la empresa, es importante definir desde el inicio el número de acciones que tendrá.

Las aceleradoras e incubadoras de empresas detectan que uno de los problemas más comunes de los emprendedores es que no saben cómo realizar una valuación de su propio negocio y terminan haciéndola muy baja.

En esta parte de la negociación también es importante incluir la asesoría de profesionales especializados para que nadie pierda.

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Gálvez recomienda que, de preferencia, tu socio nunca tenga más de 51% de las acciones para que tú puedas tener el control y el poder de la toma de decisiones.

¿Y si la sociedad no funciona?

No hay elección infalible. Antes de iniciar cualquier sociedad, los emprendedores deben protegerse legalmente con un contrato donde queden claras las reglas del juego. Casas recomienda generar un documento que estipule cómo se van a distribuir las acciones, cuándo y por qué.

Ahí se debe señalar, por ejemplo, que el socio tendrá 50% de las acciones siempre y cuando se quede en la empresa cuatro años, cumpliendo en tiempo y forma con sus responsabilidades.

Si decide salirse antes, conseguirá un número menor para que éstas puedan ser usadas para atraer a otros socios. “Es más justo y te proteges de los que se van de la empresa”, explica el emprendedor. “Y los proteges a ellos si tú eres el que se va”.

*Este texto pertenece a la edición número de 27 de los meses enero-febrero de 2020.

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