JACK GUEZ / AFP

(AFP) – El científico Ilan Samish moja una patata frita en salsa de tomate, da un sorbo a su soda y una cucharada de su yogur, tres alimentos azucarados gracias a una proteína que él mismo desarrolló.

De barba finamente recortada, dejó su carrera universitaria para fundar una empresa llamada Amai, que significa ‘dulce’ en japonés, que busca resolver uno de los mayores problemas de salud: la adicción al azúcar.

Para ello, adaptó una proteína a las altas temperaturas que se usan en la industria alimentaria y la hizo fermentar con levadura. El resultado es una proteína no modificada genéticamente y compuesta de 20 aminoácidos que puede utilizare para edulcorar alimentos y bebidas sustituyendo o disminuyendo parte de los glúcidos.

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En 2016, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 40% de la población adulta mundial tenía sobrepeso, en parte gracias a un exceso de azúcar. La diabetes, las enfermedades cardiovasculares o el cáncer son algunas de las consecuencias del mismo, que reducen la esperanza de vida.

“Encontré una tecnología que puede ayudar a resolver el mayor problema de la humanidad”, cuidando “la alimentación más que las enfermedades derivadas de ésta”, declaró orgulloso Samish el lunes, en una conferencia organizada en Tel Aviv llamada FoodTechIL.

Decenas de empresas emergentes especializadas en campos como la distribución de azúcar natural, complementos alimentarios, innovaciones agrícolas o del agua y la seguridad alimentaria se dieron cita en este salón, tratando de abrirle el apetito a unos 1,500 visitantes.

Punteros en ‘Food tech’

En los últimos años, Israel ha tratado de conquistar a la “Food Tech”, la tecnología alimentaria.

El país cuenta con unas 500 empresas del sector de la innovación agroalimentaria, según Eugene Kandel, expresidente del consejo económico nacional israelí y dirigente de la oenegé Start-Up Nation Central. Una particularidad que, según él, se debería a una sólida experiencia en agronomía y en gestión de datos.

“La innovación israelí cambió”, según Kandel, que apuntó que la reducción de las amenazas contra la seguridad de Israel permitió que las industrias empezaran a explorar otros sectores, como la agricultura, la alimentación o la salud.

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A Tel Aviv acudieron gigantes como Mondelez International, especializado en galletas y chocolates y propietario de marcas como Lu, Milka o Toblerone.

“Debemos trabajar en asociación con empresarios israelíes para reducir el azúcar” y “aportar los nutrientes deseados por los consumidores”, dijo Gil Horsky, director de innovación del grupo.

“La próxima tendencia no es la ‘high tech’ sino la ‘food tech'”, señaló Samish, que espera que su producto se acabe fabricando en grandes cantidades para ser vendido por los gigantes de la agroalimentación en un plazo de dos años.

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