Iraníes encendieron velas tras la muerte del general Soleimani (AFP)

Con pocas naciones Estados Unidos ha mantenido una relación tan tensa y llena de vaivenes políticos como con Irán. Esa ha sido la manera en la cual los dos países han sobrellevado su histórica y conflictiva conexión marcada por la confrontación y el acercamiento, lo que les ha generado beneficios mutuos durante los últimos 70 años.

 Si bien la crisis por la muerte de Soleimani no se ha desbordado en una guerra a gran escala, la tensión continúa.

 

El listado de conflictos es largo, incluye el golpe de Estado de 1953 en Irán, la disputa por la riqueza petrolera, el comercio ilegal de armas y los acuerdos sobre cooperación nuclear civil. Han construido sobre la base de la desconfianza el andamiaje político-militar-económico-religioso que les ha permitido navegar por las turbulentas aguas del Medio Oriente.

La relación se tornó compleja sin vicios de retorno en 1979, a consecuencia de la revolución islámica que derrocó al sha y permitió el regreso del ayatola Ruhollah Jomeini. Debido a la toma de la embajada estadounidense y su personal de servicio como rehenes, Washington rompió las relaciones diplomáticas con la república islámica. Los 52 rehenes fueron liberados en 1981.

Después de tres décadas, en 2012, la administración del presidente Barack Obama trató de recomponer las relaciones. Las conversaciones se intensificaron un año después cruzando por el tema nuclear. Incluso, en 2013, Obama y el mandatario iraní Hassan Rouhani hablaron por teléfono, siendo el contacto de más alto nivel entre los dos países. Ello permitió que se concretara un acuerdo nuclear entre Irán y Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Alemania y Francia en 2015. Pero en 2018 éste fue desconocido por el gobierno de Donald Trump.

La postura de la administración Trump se significa como el escenario donde se han desarrollado los últimos enfrentamientos: los ataques contra bases militares estadounidenses en Irak por parte de fuerzas iraníes, las manifestaciones de protesta frente a la embajada estadounidense en Bagdad y la muerte del segundo hombre más fuerte en Irán, Qasem Soleimani, por órdenes de la Casa Blanca.

Si bien la crisis por la muerte de Soleimani no se ha desbordado en una guerra a gran escala, la tensión continúa, teniendo como botín la posesión de los ingresos petroleros de Irak, equivalentes a 112 mil millones de dólares en 2019.

Mediante amenazas económicas o maquinaria bélica, Estados Unidos está lejos de salir del pantano medioriental. Irán, por su parte, está dispuesto a vender cara su libertad y riqueza petrolera, así como a hacer lo necesario para expulsar al gobierno estadounidense de su región. No sabemos cuál será el final, pero estamos ciertos que seguirá prefigurándose como esa historia que ha caracterizado la relación.

*Esta columna forma parte de la edición 28 de Tec Review de los meses marzo-abril 2020.

Lee más colaboraciones en Voces, y consulta gratis la revista TecReview AQUÍ

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Ingrese su nombre