A todos nos ponen nerviosos o ansiosos situaciones diferentes. Para algunos son las alturas, para otros son los lugares pequeños o abarrotados pero, para otros pocos, esto pueden ser sonidos u objetos cotidianos. Aquí te damos dos ejemplos y te contamos a qué se deben.

Ciertos sonidos

Están a nuestro alrededor, prácticamente en cualquier lugar y en cualquier momento.

Se trata de sonidos producidos por otras personas, como los que se generan al comer, sorber, respirar fuertemente, susurrar o silbar, así como algunos que se dan al utilizar ciertos objetos, los cuales, por su baja intensidad, pueden ser para muchos algo casi imperceptible pero, para otros, pueden ser intolerables.

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Quienes componen el segundo grupo probablemente sufran de misofonía, un término que significa literalmente “odio al sonido” y que puede desencadenar desde estrés y ansiedad hasta agresividad y evitación —eludir las relaciones personales— por parte de quienes la padecen.

La misofonía ha sido poco estudiada pero todo parece asociarla a un trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad que podría, según algunas investigaciones, ser causada por experiencias negativas asociadas con sonidos específicos.

Al exponerse a ruidos como el de quien silba o susurra una canción a un volumen bajo o al de quien mastica fuerte su comida, las personas con misofonía se sienten comúnmente molestas, incluso furiosas. Su respuesta puede además estar acompañada de sudoración de manos, movimientos involuntarios de partes del cuerpo y comportamientos agresivos para con los demás o contra objetos.

Si tienes sospechas de padecer misofonía lo primero que debes saber es que se presenta en diez diferentes niveles. Si la intolerancia a ciertos sonidos es fuerte, te recomendamos acercarte con un especialista, principalmente porque este trastorno puede confundirse con otros más graves, como la hiperacusia y la fonofobia.

Si es moderada, mi consejo como alguien que se identifica en este grupo es escuchar música de videojuegos o aquella que te permita ‘ocultar’ el ruido que te molesta sin desconcentrarte de tus actividades diarias.

Muchas figuras geométricas u hoyos juntos

La naturaleza está llena de figuras geométricas u hoyos en forma de patrones: desde en algunas flores y frutos hasta en los panales, los corales, algunos hongos e incluso animales como en los ojos de algunos insectos o en el sapo Surinam, el cual habita en Sudamérica y ‘guarda’ sus huevos fertilizados en agujeros temporales que se forman en su espada hasta que éstos están listos para salir al mundo.

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Pero este tipo de figuras también pueden encontrarse en objetos de uso diario como los popotes, las esponjas, los micrófonos, las bocinas, los quesos y hasta algunas estructuras arquitectónicas. ¿Te molestan? ¿Te hacen sentir cosquilleos, comezón, ansiedad o náuseas? Entonces tal vez tengas tripofobia.

La palabra tripofobia significa “puntada” o “perforación” y se refiere al miedo o a la repulsión generados al mirar, al estar cerca o tocar estos patrones con agujeros.

Como en el caso de la misofonía, el estudio de la tripofobia es limitado, pero algunos expertos afirman está relacionada con el miedo y disgusto primitivo a lo que nos puede lastimar o enfermar, como los parásitos o la comida podrida.

Los especialistas también aseguran que, como cualquier otra fobia, tiene cura, aunque existen varios tratamientos posibles. La tripofobia no debe confundirse con la dermatopatofobia, que es el miedo a las enfermedades de la piel, infecciones o erupciones.

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