Cortesía CENAM

“Tendría uno que ser Newton para darse cuenta de que la Luna está cayendo, cuando todos ven que no cae”, dijo el poeta francés Paul Valéry (1871 – 1945) respecto a la iluminación súbita que el científico inglés experimentó justo cuando, según un famoso relato, sintió el golpe de una manzana en su cabeza.

Un manzano que proviene de aquél del que cayó el proverbial fruto que inspiró a Isaac Newton a formular la ley de la gravitación universal, se encuentra en los jardines del Centro Nacional de Metrología (CENAM), en el municipio de El Marqués, Querétaro.

Frente al retoño, hoy convertido en árbol frondoso, se observa una placa fechada en 1994 en la que se lee que el manzano fue donado por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de los Estados Unidos (NIST, por sus siglas en inglés), y es símbolo de amistad entre las dos instituciones.

Cortesía CENAM

El instituto estadounidense, ubicado en Gaithersburg, Maryland, cuenta con un jardín de manzanos derivados del famoso y aún existente árbol que creció junto a la casa donde en 1643 nació Isaac Newton, en Lincolnshire, Inglaterra.

La leyenda dice que la ley de la gravitación universal vino a la mente del joven de 23 años cuando fue tocado por el fruto maduro que se había desprendido de la rama de aquel manzano, mientras estaba recargado en el tronco.

“Lo que se le ocurrió a Newton con la manzana es que la masa de la Tierra tiene una fuerza equilibrada con la fuerza que efectúa el árbol sobre la manzana, hasta que ésta adquiere cierta cantidad de masa y entonces la masa de la Tierra atrae la masa del fruto con más fuerza que la que pueda ejercer el árbol que lo sostiene, y por esto la manzana cae”, explica Camilo Camhaji García, matemático de la UNAM.

De esta manera, el físico británico se dio cuenta de que hay una fuerza que depende de las masas (la de la Tierra y la de la manzana, por ejemplo) y de la distancia entre ellas. Según Camhaji García, de esto trata la ley de la gravitación universal aplicable también a los cuerpos celestes.

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Entonces Newton así comenzó a resolver el problema de no sólo por qué caen los cuerpos, sino también de por qué los planetas giran en torno al Sol, lo cual fue publicado finalmente en 1687 en su libro Principios Matemáticos de la Filosofía Natural, en el que expone la teoría revolucionaria que, hasta la fecha, tiene aplicaciones en ingeniería civil, aeronáutica y astronomía, entre otras ramas de la ciencia y la tecnología.

“Lo que Newton escribió fue una contestación última a discusiones que había tenido previamente, durante al menos seis años, con otros científicos de la época sobre el tema de cómo caen los cuerpos, y la leyenda de la manzana no nos da pormenores de ello”, expresa en entrevista el también especialista en historia y filosofía de la ciencia.

Es por esto que el famoso relato no es del todo veraz, pues se trata de una historia que transmite de manera hipersimplificada el resultado del trabajo intelectual que Newton realizó para llegar a conclusiones universalmente válidas.

Camhaji comenta que esta historia transmite doxa (opinión, en griego) para hacer llegar un descubrimiento de manera popular, pero sin episteme (conocimiento científico, en griego), con el fin de que la gente lo entienda y tenga fácil acceso a él.

“Finalmente, el conocimiento científico implica investigación, deducciones lógicas y una secuencia de pasos con base en una estructura matemática para llegar a conclusiones que no necesariamente reflejan el mundo percibido a través de los sentidos”, concluye Camhaji.

 

 

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