Tec Review

Por: Carlos Gutiérrez Bracho

La imagen de la pantalla muestra a esta científica caminando por las calles de Nueva York. Viste ropa negra y bufanda roja. Avanza con paso firme, la mirada al frente y hacia el cielo, con absoluta seguridad. Es Deborah Berebichez, la primera mexicana en obtener un doctorado en Física en la Universidad de Stanford y protagonista de la serie televisiva Outrageous acts of Science del canal Discovery Science.

“Siempre he sido una persona diferente”, comparte en una charla desde Nueva York, donde reside. “Desde pequeña fui preguntona y muy curiosa. Me encantaba saber el porqué de las cosas”. Cuenta que su forma de ser no era aceptada en su círculo social. “No cabía en mi comunidad, mis padres no me supieron aconsejar”. En la secundaria, cuando comentó que le gustaban la Física y la Filosofía le dijeron que eso era para genios y que no iba a lograr estudiarlas. “Siempre viví la discriminación abierta, muy directa, aunque de esa manera a veces es fácil de combatir”, confiesa.

Después de dos años de estudiar Filosofía en México, consiguió una beca para ingresar en la Brandeis University de Massachusetts, en Estados Unidos, donde conoció a quienes le ayudaron a confiar en que podía dedicarse a la Física. Una de esas personas fue Edward Witten, padre de la teoría de las supercuerdas.

En 1998, Steven Chu, Premio Nobel de Física y ex secretario de Energía en Estados Unidos, la aceptó para estudiar el doctorado en Stanford, su tesis fue sobre las bases de propagación de ondas en medios no homogéneos con un sistema de comunicación basado en la emisión de ondas de tiempo reversible. Luego, hizo dos posdoctorados en Matemáticas y Física aplicada en las universidades de Columbia y Nueva York.

Hoy Déborah Berebichez labora como Chief Data Scientist en la firma Metis. Para un físico, dice, “la ciencia de datos es algo natural porque requiere de datos similares a las que se cultivan en la Física, como programación, matemáticas muy avanzadas y la capacidad de comunicar de manera sencilla los resultados que uno encuentra”.

Sin la ciencia, nada

¿Por qué son importantes las preguntas?

La vida que no es cuestionada no se merece vivir, decía Sócrates. Cuestionarnos el porqué de las cosas es algo que nos lleva al crecimiento personal, al conocimiento del mundo y que cambia nuestra vida por completo, porque creo que hoy estamos rodeados de información, de charlatanería. Gastamos millones y millones de pesos en cosas que no están comprobadas por la ciencia y que hasta son dañinas a la salud. Si uno aprende a cuestionar y a preguntarse cosas, el cerebro, que es como un músculo, puede ejercitar esa parte crítica que ayuda a pensar y a discernir la lógica de lo que viene de afuera o que están vendiendo gobierno, compañías, medios de comunicación, etcétera.

¿Para qué hacer ciencia?

Para tener todo lo que tenemos en la actualidad. Todo, todo. Los caminos, los coches, los aviones, los celulares, hasta el conocimiento sobre otros planetas, de otras galaxias, y la medicina, que nos cura de tantas enfermedades…

¿Sigue siendo difícil, para las mujeres, dedicarse a la ciencia? ¿Ha cambiado?

Ha cambiado. Las estadísticas muestran que hay muchas más mujeres graduándose de lo que se llama STEM, que quiere decir ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, en inglés. Sin embargo, aún son menos mujeres que hombres y todavía hay mucho trabajo por hacer. Existe una discriminación sutil, que no es abierta como antes, cuando simplemente no se dejaba trabajar a las mujeres. Hay mucho camino que recorrer para mostrarles que pueden tener éxito dentro de la ciencia.

*Esta entrevista apareció en la edición número 9 de Tec Review de los meses enero-febrero

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