retos de llevar internet a todo México
Una camioneta tipo combi lleva conectividad a internet vía Wifi en Comitán, Chiapas. (Foto: Cortesía)

En su primer trabajo como maestro, Fray Antonio Alfaro se internó en la selva. Su asignación fue enseñar en el poblado de San Quintín, Chiapas, a 12 horas de Tuxtla Gutiérrez, capital del estado.

Ahí, Fray dio clases a alumnos que les faltaba más que el internet. “Puedes ver y palpar la necesidad básica de los niños. Van descalzos, no tienen mochila, van con una libreta a la escuela”, dice el profesor. La pandemia y la suspensión de actividades escolares lo llevaron a innovar en su labor.

Decidió transformar una camioneta tipo combi en un punto de conexión a internet vía wifi. Gracias a la “Combiteca”, en tan solo dos semanas, ha llevado conectividad a 200 estudiantes de Comitán y sus alrededores.

El profesor brinda un servicio valioso. Él y otros pequeños operadores van a donde los grandes no lo hacen: a las comunidades más apartadas. Los servicios reconocidos no llegan porque no les resulta económicamente atractivo, pero los emprendedores y entusiastas de las telecomunicaciones se enfrentan a retos que van más allá de lo técnico. Sus sueños chocan contra las realidades de señales piratas, las extorsiones de autoridades y acoso de los grupos del crimen organizado. En Tec Review te contamos sus historias.

Sacar el módem a la calle

El vehículo recorre Comitán y sus alrededores para llevar conexión a internet. (Foto: Cortesía)

“La idea viene de ver las necesidades de todos los niños de mi colonia. Junto con mi familia, mi pareja y mis hermanos sacamos el módem a la calle para que los niños del barrio pudieran tener acceso”, cuenta vía telefónica.

Unas cartulinas y algunas sillas fue lo primero de lo que dispuso Fray para compartir su señal de internet con los estudiantes de su colonia. Pero no quedó satisfecho. Con ayuda de dos amigos que patrocinaron la transformación de la combi, ahora lleva la conectividad a otras colonias. Incluso roza con la señal a Guatemala.

“No he recibido ninguna ayuda del gobierno estatal o municipal. Únicamente recibí apoyo de mis patrocinadores, los cuales dieron la imagen de la combi que me ayudaron a rotular. Un amigo de la preparatoria es licenciado en informática, él me ayudó en este proyecto”, cuenta.

El profesor tiene dos licenciaturas: una en educación física, deporte y recreación y otra en ciencias de la educación. Para prepararse, tuvo que salir de su estado. “Muchas veces aquí, en la universidad, quedaban los que venían apadrinados. Tuve que migrar a Veracruz para poder estudiar”.

Al rescate de las zonas sin conexión

Para que los alumnos sigan con sus estudios y no pasen por situaciones como las que vivió Fray, con la “Combiteca” va por las colonias compartiendo la señal. Recibe internet vía satélite, con un módem instalado en la combi.

La antena tiene la capacidad para tener conectado conectados hasta 80 niños al mismo tiempo. Debido a la contingencia tratamos de separarlos por grupos para fomentar la sana distancia”, explica.

Fray Antonio tiene planes de crecimiento para su proyecto, pues además de la señal Wifi busca donaciones de libros para una biblioteca que viajará en su “Combiteca”. Además, quiere dotarla de computadoras, tabletas y pantallas para que los estudiantes puedan seguir las clases a distancia de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Otros entusiastas de la conectividad han logrado hacer negocio llevando internet y otros servicios de telecomunicaciones a lugares apartados y peligrosos. Algunos, como Alejandro Gidi, ingeniero industrial y de sistemas por el Tec de Monterrey Campus Laguna, ve los retos como escalones hacia el éxito.

“El primer reto fue la constitución de la concesión. Para esto nos apoyamos en la Asociación Nacional de Proveedores de Internet Inalámbrico (WISPMx), que apoyan y orientan legal y técnicamente a sus socios. Luego, hay que conseguir recursos de red que se compran a los operadores existentes. Es un esfuerzo grande, pero se logra. Posteriormente, viene la triste competencia ilegal o informal, que sin conocimiento técnico o de negocios ofrecen servicios que no son sustentables”, explica Gidi.

La competencia informal utiliza el espectro radioeléctrico, donde viajan las señales de telecomunicaciones, de forma ilegal. Degradan la señal para los operadores que sí están constituidos y han invertido en su infraestructura.

Gidi es director general de Neurotech, empresa que ofrece diferentes servicios de conectividad para pequeñas y medias empresas y hasta para parques industriales. Su operación la realiza en Torreón, Coahuila, Gómez Palacio y Lerdo, en Durango. Cuando comenzó su empresa, solo eran dos personas. Hoy, 12 técnicos se encargan de brindar soporte de tecnologías de la información y otros servicios.

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Lidiar con extorsiones y narcotráfico

Para las grandes empresas de telecomunicaciones no es rentable llevar servicios a zonas apartadas. Y hay varias razones.

“Los operadores reconocidos tienen gastos fijos y operativos altos. Una población pequeña no les resulta atractiva, financieramente hablando. Tampoco recablear una colonia vieja… y tienen razón. Eso da oportunidad a operadores regionales de competir y cubrir esas necesidades”, explica Gidi.

Esta situación abre oportunidad a la competencia, que es buena para todos, agrega el directivo. Además, la ventaja de ser un pequeño operador y dotar de telecomunicaciones a una región apartada es que los dueños son vecinos del lugar. Esto les da un profundo conocimiento de la zona a conectar.

Una de las oportunidades que tiene el gobierno para fomentar que empresarios y entusiastas de las telecomunicaciones brinden los servicios en lugares donde no los hay empieza con la facilidad de trámites.

Salomón Padilla, vicepresidente de la Asociación de Telecomunicaciones Independiente de México (ATIM), afirma que se siguen teniendo los mismos retos que enfrentaron hace más de 10 años.

“Seguimos teniendo los mismos problemas de derechos de vía y de instalación con los gobiernos de los estados y municipales para poder instalar la fibra. El primer desafío es llevar la señal de internet a esos lugares, por la falta de capilaridad de las redes. El segundo es cumplir con los cobros de derechos, en algunos casos, hasta con las extorsiones de las autoridades municipales y estatales”, dice.

Señala también que son un blanco del narcotráfico y grupos delincuenciales y prefieren mantener un bajo perfil.

“La mayoría de los agremiados no se quiere exponer porque viven en poblaciones de riesgo, donde, si no está un cartel, está otro. Ese es el tema que tienen, tratan de mantener un perfil bajo, precisamente, para no arriesgarse mucho”, cuenta.

El vicepresidente afirma que algunos operadores se exponen en zonas peligrosas de México para que haya internet.

“Nosotros tenemos comunidades muy pequeñas, incluso son peligrosísimas, como la zona de Tierra Caliente. Tenemos otras ciudades que no están tan lejos de las grandes poblaciones, pero están pesimamente conectadas, como el ejemplo de Huayacocotla, Veracruz. Nosotros somos la conexión con el resto de la población. Huayacocotla, Veracruz, está a tres horas de la Ciudad de México, por carretera. La Huasteca veracruzana es un ejemplo que siempre pongo: tenemos cinco años tratando de llevar un buen enlace de fibra óptica hacia esa población para dar internet de buena calidad y no podemos porque no nos dan el derecho de vía, seguimos esperando que llegue la red compartida. Creo que seguimos igual que hace 12 años”.

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Línea de vida

Llevar servicios fijos es más complicado que la conectividad inalámbrica. Aunque las redes de fibra óptica atraviesan el país, su paso se concentra por las grandes ciudades. En tanto, las pequeñas poblaciones siguen sin esta tecnología, que actualmente es la más eficiente para llevar las señales de internet de banda ancha de gran capacidad.

Sin embargo, los operadores inalámbricos WISP comparten esos desafíos. Entre ellos se encuentran la falta de homologación de trámites municipales para despliegue de infraestructura, barreras de acceso a espectro asequible para micro, pequeñas y medianas empresas. Además, que en la Ley Federal de Telecomunicaciones se les trate como si fueran grandes empresas y ser susceptibles de sanciones desproporcionadas, señala Rolando Guevara, presidente del Comité Legal WISPMx.

“Es un desincentivo para operar. Hay casos de estos operadores que aun teniendo la razón y otorgándoles el amparo por juzgados federales, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) ejecuta las multas impuestas por el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) porque no hay suspensión. Esto pone en riesgo la operación de sus negocios, sobretodo en tiempos de pandemia”, explica el también socio de BGBG Abogados.

Los pequeños operadores, que llevan la conectividad a sitios apartados, no pueden tener las mismas sanciones que grandes operadores. A su favor debe tomarse en cuenta que tienen todas las condiciones de operación en contra.

Por otra parte, los agremiados de la ATIM brindan servicios en 27 estados del país. Algunas de las zonas donde operan son poblaciones de 500 casas. Por esto iniciaron con la propuesta “Línea de vida”.

“Hay una cercanía, un entendimiento y cooperación con todos sus usuarios. Al inicio de la pandemia hicimos una propuesta que se llamó ‘Línea de vida’. Proponíamos que todos los concesionarios que diéramos televisión restringida y acceso internet en caso de que nuestros usuarios se quedarán sin ingresos por la pandemia, los mantendremos conectados tres meses”, dice.

“Estos (pequeños) concesionarios apoyaron a sus vecinos. Tan pronto como empezaban a trabajar o mejoraban sus ingresos les decían ‘ya no necesito Línea de Vida, muchas gracias. Vengo a pagarte el servicio completo’. Entonces, hay una dinámica muy diferente comparado con los grandes concesionarios”, dice Salomón Padilla.

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Un hobby que se convierte en negocio

Dada la oportunidad que hay de dotar de servicio a aproximadamente 40 millones de personas en el país, ser un pequeño operado puede ser un negocio rentable. Tan solo en 2019, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) reportó que 1,115 municipios en 24 estados son zonas de muy alta marginación.

En estos sitios, la pobreza extrema es mayor o igual al 50 % de la población. Incluso, en áreas urbanas 22,621 zonas están consideradas dentro de la atención prioritaria para llevar conectividad.

Ese rezago fue lo que motivó a Javier Tamayo a llevar conectividad a varias sitios en Tabasco. “Entrando a la universidad tenía esa inquietud de llevar telecomunicaciones. Tabasco ha estado muy rezagado en la parte de tecnología. Empecé a cotizar, a ver enlaces, para ver cómo podíamos traer servicios de otras ciudades. Entonces, debido a los retos financieros, no pude lograrlo”, cuenta Tamayo, director general de Soluciones Tamayo.

Después, pudo fundar su empresa y brindar servicios de telecomunicaciones inalámbricos y es miembro de WISPMx. El directivo recuerda que hace 16 años los servicios de internet tenían baja velocidad. Lo que para Tamayo empezó como un pasatiempo, es una empresa que brinda acceso a internet alámbrico e inalámbrico.

“Empecé emprendiendo, pero no como negocio sino como un hobby. Todo mundo me decía que estaba loco, que ya existían las telecomunicaciones. No fue por hacer dinero, simplemente fue un pasatiempo que hasta el momento me sigue gustando muchísimo”, dice.

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