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Vemos estrellas alrededor, ¿por qué su luz no se suma para hacer que nuestro cielo nocturno, y el espacio circundante, brillen como el día? El físico alemán Heinrich Wilhelm Olbers se planteó la misma pregunta en 1823.

En 1610, Kepler escribió “…en un Universo infinito las estrellas llenarían los cielos vistos por nosotros”. En los siglos XVIII y XIX surgió la noción de que el Universo era infinito, eterno y que las estrellas estaban repartidas en forma homogénea en él. Sin embargo, al poco tiempo varios científicos se dieron cuenta que esto se oponía a la más antigua y simple de las observaciones astronómicas: el cielo nocturno es oscuro.

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La paradoja del cielo oscuro fue planteada en la forma más clara por Olbers quién partió de la premisa de que el Universo es infinito y está lleno de estrellas. En este caso, al mirar el cielo en cualquier dirección, tarde o temprano nuestra línea de visión debería toparse con una estrella y por lo tanto, cada punto del cielo debería ser tan brillante como el Sol. Obviamente este no es el caso, explica el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) del Conacyt.

Olbers buscó una explicación en términos de absorción de luz por nubes de gas. Dadas las críticas al argumento de la absorción de luz, en 1861 Johann Heinrich planteó como una posible solución que el Universo tuviera una edad finita. En ese caso, la luz de las estrellas más distantes aún no habría tenido tiempo de llegar a nosotros y de ahí la oscuridad del cielo.

Dado lo mucho que se desconocía en aquella época, la idea de Heinrich no pasaba de ser una conjetura profética, y la paradoja del cielo oscuro siguió siendo tema de debate hasta las primeras décadas de nuestro siglo.

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La solución aceptada hoy en día llegó con uno de los hallazgos astronómicos más importantes que se hayan hecho. En 1929, Edwin Hubble descubrió que las galaxias se apartan unas de otras y dedujo que el Universo está en expansión. Una consecuencia inmediata es que el Universo tiene una edad finita, que creemos es de unos quince mil millones de años, y que nació en un evento similar a una gran explosión.

La edad finita del Universo resuelve la paradoja del cielo oscuro, ya que no en todo punto del cielo ha habido una estrella. Curiosamente, en 1965, Penzias y Wilson encontraron que en realidad todo punto del cielo brilla, aunque no con luz visible, sino en microondas. Se cree que este brillo, millones de veces menos intenso que el “esperado” por Olbers, es lo que queda de la gran explosión que se cree dio origen al Universo.

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Varios astrónomos han puesto en tela de juicio la idea de un Universo en expansión y de su formación en una gran explosión. Se han planteado algunas alternativas, aunque sin llegar a una teoría bien estructurada.

CON INFORMACIÓN DEL INAOE Y CONACYT

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