Especial

Desde pequeño encontró su pasión en la ciencia, inspirado por sus profesores, a quienes recuerda con cariño. Pero asegura que llegó a obtener un Nobel de Física en 2001 –junto con Eric A. Cornell y Wolfgang Ketterle– casi por accidente.

Carl Edwin Wieman dice que durante su juventud las materias que más disfrutó fueron Literatura y Escritura, por lo que, a punto de terminar su educación básica, se encontró más interesado en estas disciplinas que en las ciencias.

A pesar de ello, fue admitido en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Confiesa que cuando comenzó su carrera no estaba convencido de que quería dedicarse a la física, pero un seminario y el profesor que lo impartía le hicieron cambiar de opinión. Fue entonces que se involucró en la investigación y comenzó a experimentar con láseres y átomos.

Sus estudios lo llevaron a descubrir que, a cierta temperatura, los átomos de sodio podían transformarse en una nueva forma de materia, el condensado de Bose-Einstein, algo que Albert Einstein predijo. Finalmente, este resultado fue reconocido con el Nobel de Física en 2001.

Antes de obtener el Nobel, el estadounidense Carl Edwin Wieman se convirtió en profesor de Física, donde encontró un nuevo interés: estudiar la manera en la que el ser humano aprende, con miras a descubrir cuáles son las mejores prácticas de enseñanza para impartir cursos universitarios, especialmente de ciencias.

—¿Cómo nace su interés por estudiar la manera en que aprendemos?

Me intrigó darme cuenta de que los estudiantes que llegaban a mis clases, aun los más brillantes, no pensaban como científicos: tenían el cerebro lleno de datos y de conocimiento, pero no sabían plantearse preguntas y encontrarles una solución. Mi interés sobre el tema y mis investigaciones comenzaron unos 15 o 20 años antes de obtener el Nobel, pero no fue sino hasta que lo recibí que estos estudios comenzaron a llamar mi atención. Yo les digo, no me crean porque tengo un Nobel, créanme porque tengo una investigación que me respalda.

—¿Cuál es la clave para aprender?

Como profesores o universidades, nuestra tarea no es llenar mentes de datos y conocimiento, sino “recablear” los cerebros de los estudiantes. No se trata del contenido, ni del plan de estudios, ni del currículum, sino del método: enseñar a los estudiantes a pensar como científicos, a tomar decisiones, a hacerse preguntas, a encontrar soluciones. Hemos puesto a prueba esto, incluso con resonancia magnética. De hecho, los cambios son visibles.

¿Cómo “recableamos” nuestros cerebros?

Ningún cerebro viene programado con este tipo de pensamiento. Toma tiempo, horas de práctica intensiva, porque no sólo estamos llenándolo de conocimiento, sino que lo estamos reconstruyendo. El cerebro es un músculo y, si queremos que “crezca”, debemos ejercitarlo de manera extenuante y correcta. Los profesores pueden ponerlo en práctica, por ejemplo, planteando a sus alumnos problemas en un contexto relevante, significativo, real, en lugar de un tema abstracto de física o de matemáticas que a nadie le importa. También es crucial dar una buena retroalimentación.

¿Qué pueden hacer los estudiantes para “recablear” sus cerebros?

Olvídense de memorizar. Practiquen pensar como científicos. Piensen en cómo pueden aplicar lo que aprenden, qué tipo de problemas podrían resolver.

Reflexionen, sean conscientes de su propio proceso de aprendizaje. Pregúntese: ¿estoy aprendiendo?, ¿estoy progresando? Y si la respuesta es no, busquen cómo pueden lograrlo. Trabajen mucho, enfóquense. Si parece difícil, van por buen camino.

 

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