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Por Liliana Corona

Los jóvenes mexicanos tienen un serio problema en comprensión de lectura, matemáticas y ciencias, ya que el 51% no logra resultados óptimos en esas tres áreas, de acuerdo con los resultados de la más reciente prueba del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés).

En México los retos de la educación pública son enormes y debido a las carencias en el modelo de enseñanza y los resultados que muestran consistentemente los alumnos mexicanos en esta prueba -por debajo del promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)-, lo que abre las puertas a modelos educativos complementarios o de tiempo completo, algunos de los cuales funcionan como franquicias.

“Las franquicias de educación cuentan con una metodología probada, donde la calidad en el servicio es una de la diferenciación más notable, dentro de las cuales destacan los centros de idiomas o de disciplinas artísticas como la música y la danza. Además, la innovación en este rubro también es importante, creando conceptos únicos como talleres de robótica, cursos especializados de matemáticas, entre otros”, señala Ferenz Feher, director general de Feher & Feher Consulting, consultora especializada en franquicias.

Jorge Luis Coronal, profesor de mercadotecnia del Tec de Monterrey coincide con Feher en cuanto a que “en México el modelo de franquicia educativa es muy rentable porque la percepción de los padres y de la sociedad es que los jóvenes necesitan preparación extra de lo que te pueda dar formalmente una escuela, sobre toda la educación básica o en media básica”.

Por ejemplo, el modelo canadiense de educación que promueve Maple Bear consiste en dejar a los alumnos que exploren temas y los tutores guían su aprendizaje. Con apego al contenido educativo que avala la Secretaría de Educación Pública (SEP), este modelo de franquicia educativa lleva en México 10 años formando a alumnos en el idioma inglés y también en español y 20 años a nivel global.

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“Tenemos cuatro contratos firmados para el ciclo 2020-2021, empezará la construcción de las escuelas en enero para estar listas en julio o agosto y para los próximos cinco años nuestro desafío es construir 70 escuelas en México hasta 2025. El modelo mexicano es el piloto para después llevar la expansión a Perú, Bolivia, Venezuela y otros países hispánicos”, cuenta en entrevista telefónica para Tec Review.

¿Por qué hacer de la educación una franquicia? Krug explica que permite la propagación de su modelo educativo con el principio de la inversión por parte del franquiciatario, es decir, el responsable de explotar la marca adonde sea que se lleve. “La franquicia es un modelo que permite entregar un estándar en los contenidos, la estructura de la escuela, el modelo operativo pero deja la parte más creativa para el maestro en la clase”, dice.

En el mediano plazo, la meta de Krug es que en México 10,000 alumnos estudien en escuelas de esta franquicia. Y hay espacio para crecer en el país, pues solo 13.6% de las escuelas del país son privadas, de acuerdo a cifras del Inegi de 2014, pero el interés de los

padres por proporcionar una educación privada a los hijos está creciendo. Según cifras de la SEP, entre 2017 y 2018 el número de alumnos inscritos en escuelas privadas de educación básica creció 95.7%.

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Otro tipo de franquicia educativa, que ha operado desde hace 20 años en el país, es Kumon, modelo japonés de clases extraescolares de matemáticas y lectura, con 400 centros en los 32 estados. Para abrir un centro Kumon, los interesados necesitan hacer una inversión de 280,000 pesos.

Futuro en expansión

Apenas es el comienzo del crecimiento de la firma en el país, pero Krug confía en que su modelo de educación bilingüe atraiga a otros entusiastas de la educación y los negocios. “En México hay muy pocas escuelas privadas de tipo internacional, esto por supuesto lo hace un mercado muy interesante para nosotros”.

Para extender su presencia primero por México y luego por Latinoamérica, esta franquicia educativa enfrenta varios retos, empezando con los franquiciatarios. “Tenemos un modelo de evaluación de potenciales franquiciatarios, deben tener una pasión por la educación y

entender que es un negocio de largo plazo donde tiene la obligación de estar con nosotros hasta por 20 años porque una vez que un niño empieza en una escuela Maple Bear a los dos años de edad, debe tener una escuela de este modelo hasta que llegue a los 17 o 18 años”, dice el directivo.

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Además del compromiso de largo plazo, la construcción de las escuelas, el seguimiento al plan educativo local y la preparación de los docentes son parte de su desafío. Para el

franquiciatario, la inversión que debe hacer en la construcción del plantel y por la explotación de la marca comienza con una cuota de 55,000 dólares y la inversión total es de hasta 500,000 dólares.

“Los alumnos del Tec de Monterrey Campus Puebla, en Aguascalientes y en otras universidades han desarrollado microempresas para poder ayudar a niños de educación básica a que aprendan robótica o nociones básicas de administración de software. Empresas como Aerobot Planet ya dan estos cursos para niños, jóvenes y para adultos, se han desarrollado bastante fuerte y son rentables”, dice Coronel sobre encarar los desafíos de una educación con competencias en las habilidades de las que carecen la mayoría de los estudiantes mexicanos previo a la educación superior.

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