Durante el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto se llevó a cabo una importante reducción de la brecha digital en México. Eso se debió al aumento de los puntos de acceso gratuitos, así como a la baja en los costos de los servicios de datos de las diferentes compañías telefónicas, entre otros motivos.

El desarrollo tecnológico debería continuar durante el presente sexenio, ya que en mayo de 2018, la Asociación Mexicana de Internet informó que 33 % de la población en el país aún está excluido del mundo digital. Sin embargo, el asunto no está señalado como tal en los 100 puntos que plantea el actual presidente Andrés Manuel López Obrador, lo cual resulta preocupante por varias razones. 

Una de ellas es la tributación; por ejemplo, definir dónde se pagan los impuestos derivados de la contratación de servicios a empresas que se encuentran en el extranjero. O si se van a aumentar los impuestos a grandes corporativos (tasa digital) como Google, Apple o Facebook, tal como lo están haciendo en algunos países europeos, y que pueden ayudar a incrementar los ingresos a los países en donde estos gigantes de las redes obtienen pingües beneficios. 

También se tiene que discutir la reconfiguración de la Ley de Protección de Datos, pues las políticas de las compañías cambian de manera constante y la información que el usuario va dejando al hacer uso de internet podría emplearse para manipular a quien consume cualquier servicio en este medio.

Es necesario, asimismo, que se discuta la tipificación de nuevos delitos asociados a la obtención de información digital de manera irregular y el mal manejo de los entornos digitales, como la difamación, la circulación de noticias falsas o la usurpación de identidades. 

Finalmente, la neuromanipulación también tendría que estar en el debate porque, con unos pocos datos, a los usuarios se les puede perfilar y vincular con una ideología política, religiosa y comercial. Y ya hemos visto sus efectos en las elecciones presidenciales de Estados Unidos con Barack Obama y Donald Trump. 

Son muchos los temas que se pueden discutir para sacar el mejor partido a la red, pero, sobre todo, para hacer que el país garantice a sus ciudadanos una convivencia y una seguridad que las naciones de primer mundo ya tienen a estas alturas del siglo XXI.  

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