NASA

Después de nueve años en órbita alrededor del Sol y tras haber ayudado al descubrimiento de más de 2,600 planetas más allá de las fronteras de nuestro Sistema Solar, el telescopio espacial Kepler de la agencia espacial estadounidense, la NASA, terminó su misión.

Imaginado hace 35 años, cuando aún no se conocía ningún exoplaneta, el Kepler fue desarrollado con el objetivo de buscar similares de la Tierra, es decir, cuerpos celestes de tamaño comparable, rocosos, no gaseosos, y ubicados a una distancia ni demasiado cercana ni demasiado lejana a su estrella.

De esta manera el agua líquida podría, como en nuestro planeta, estar presente en la superficie y, por lo tanto, hacer de tal objeto uno susceptible de albergar vida.

El telescopio bautizado en honor al astrónomo y matemático Johannes Kepler, principalmente conocido por sus leyes sobre el movimiento de los planetas en su órbita alrededor del Sol, fue lanzado por la NASA desde Cabo Cañaveral el 6 de marzo de 2009 a bordo de un cohete modelo Delta II.

Éste apuntaba a dos constelaciones de la Vía Láctea, la Cygnus y la Lyre, con millones de estrellas en su objetivo.

El Kepler, de una resolución extraordinaria para el momento de su concepción, contó con un lente tan sensible que podía detectar la más leve caída en la intensidad de la luz causada por el paso de un planeta frente a su estrella.

En enero de 2011 descubrió su primer exoplaneta, el Kepler-10b. Sin embargo, estaba tan  cerca de su estrella que una de sus caras probablemente se estaría derritiendo, convirtiéndolo en un mundo de lava.

El primer objeto habitable hallado por el telescopio es el número 22b, que podría contener agua líquida. En 2014, finalmente, el primer primo real de la Tierra, número 186f, fue ubicado a 580 años luz.

Cientos de descubrimientos siguieron revolucionando nuestro conocimiento de la galaxia, confirmando que la Tierra no es, en última instancia, una excepción galáctica. Gracias al Kepler, también sabemos que hay más planetas que estrellas en la Vía Láctea y que la mayoría tiene un tamaño entre el de la Tierra y el de Neptuno.

De acuerdo con las observaciones del Kepler, los astrónomos estiman que entre 20% y 50% de las estrellas visibles desde nuestro planeta probablemente tengan pequeñas ‘Tierras’ en sus órbitas a una distancia donde los lagos y los océanos pueden, en teoría, formarse.

El telescopio también ha hecho extraños descubrimientos, como sistemas en los que hasta ocho planetas se agolpan en una órbita compacta alrededor de su estrella, o el planeta Kepler-16b, que gira alrededor de dos estrellas y donde, como en Tatooine —planeta ficticio de Star Wars— se podría ver una doble puesta de sol… si no fuera gaseoso.

El telescopio, ahora apagado, permanecerá en su órbita, dijo la NASA. En unos cuarenta años, ésta lo acercará más a la Tierra, sin riesgo de que se estrelle contra ella.

En cuanto a la búsqueda de exoplanetas, la antorcha será tomada por el satélite TESS de la NASA, lanzado en abril pasado. Pero los astrónomos probablemente pasarán años analizando las imágenes tomadas por Kepler hasta su último momento.

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