El aumento en los incendios forestales libera grandes cantidades de CO2 del suelo

La Amazonia es la selva tropical más extensa del mundo, con 7,000,000 kilómetros cuadrados (km²) repartidos en nueve países, así como el hogar de la mayor biodiversidad de la Tierra pues una de cada diez especies conocidas habita ahí, de acuerdo con el World Wildlife Fund (WWF).

El también conocido como ‘pulmón del planeta’ tiene hoy la atención y la preocupación del mundo entero debido a que enfrenta una grave situación de incendios forestales en Brasil, en donde se encuentra su mayor extensión, a tal grado que el humo ha llegado hasta la capital del país, Sao Paulo, a más de 2,700 kilómetros de distancia.

Pero de acuerdo con un reciente estudio, el daño de estos siniestros se extiende además por debajo de los árboles, afectando un componente de estos bosques que las personas tendemos a pasar desapercibido: la materia orgánica en el suelo. 

Cuando los árboles se queman, liberan dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera, y lo mismo sucede con el carbono del suelo. Sin embargo, un artículo publicado en Nature señala que esto solo ocurre en la capa superior, mientras que el material orgánico puede acumularse a profundidades mucho mayores, creando un ‘sumidero de carbono’.

Como resultado, un mayor porcentaje del carbono forestal se acumula en el suelo, no en lo alto de los árboles. 

El problema llega cuando los incendios forestales son más frecuentes y severos, como ocurre en la Amazonia. Esto conduce al llamado “carbono heredado”, es decir, aquel que escapa de incendios anteriores y que al quemarse se convierte en una fuente neta de CO2 en la atmósfera, lo que a su vez conduce a un mayor calentamiento, un círculo peligroso.

“Esto implica un cambio en el ciclo del carbono en el que estos bosques se convierten en una fuente neta, en lugar de un sumidero, de carbono a la atmósfera durante incendios consecutivos”, explica el estudio. 

“A medida que los incendios forestales continúen aumentando en tamaño, frecuencia e intensidad, el área de bosques jóvenes que experimentan la combustión de carbono heredada probablemente aumentará y tendrá un papel clave en el cambio del balance del carbono”, agrega.

Los expertos y los ecologistas han sido conscientes del peligro durante algún tiempo, pero comprobar que esto está ocurriendo es una cuestión diferente. Es por eso que el primer autor de la investigación, el doctor Xanthe Walker, de la Universidad del Norte de Arizona, y su equipo, se dieron a la tarea de analizar este fenómeno en otra zona que también está ardiendo: los bosques boreales del norte.

Los resultados de un trabajo que se llevó a cabo con ayuda de treinta y dos parcelas de abeto negro, el tipo de árbol más común en América del Norte boreal, para investigar los incendios forestales de 2014, dio como resultado que si los mismos bosques se queman varias veces con poco tiempo de diferencia, una nueva capa protectora de materia no tiene tiempo de acumularse arriba, dejando vulnerable el legado de carbono. 

La amenaza aumenta a medida que los bosques más húmedos, donde los residuos orgánicos se acumulan más rápido, se secan en un clima más cálido.

Walker y sus colegas estiman que los incendios de 2014 liberaron 8.6 millones de toneladas de carbono heredado y señalan que, a diferencia de cuando arden las sabanas tropicales, los bosques boreales reemplazan sus reservas mucho más lentamente. 

Los bosques deben arder ocasionalmente para su propia salud, pero si lo hacen con tanta frecuencia se convierten en fuentes de carbono que dificultan la lucha contra los propios incendios forestales que los afectan.

NASA muestra desde el espacio cómo arde el Amazonas. Da clic aquí.

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