NASA/Earth Observatory

Un cinturón sin precedentes de algas pardas se extiende desde África occidental hasta el Golfo de México, y es probable que se quede aquí.

Los científicos de la Universidad del Sur de Florida en la Facultad de Ciencias Marinas de San Petersburgo utilizaron las observaciones satelitales de la NASA para descubrir y documentar la floración más grande de macroalgas en el mundo, apodado el Gran Cinturón del Sargazo del Atlántico.

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Los resultados, publicados en la revista Science, revelan que el cinturón estuvo compuesto por 20 millones de toneladas de algas, el equivalente a 200 portaaviones complemente cargados, y se extendió en el océano Atlántico tropical, desde la costa oeste de África hasta el golfo de México.

¿Pero cómo pudo formarse? La hipótesis de los científicos es que esta proliferación se produjo de manera estacional por la entrada de nutrientes clave: una de origen natural por parte del río Amazonas y otra antropogénica.

En los últimos años, el aporte de nutrientes del Amazonas al océano en primavera y verano puede haber aumentado por el incremento de la deforestación y el uso de fertilizantes. En invierno, las corrientes de las costas africanas proporcionan nutrientes desde las aguas profundas a las superficiales, donde crece el sargazo.

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Aunque esta hipótesis aún debe ser confirmada, los científicos de la Facultad de Ciencias Marinas de la universidad estadounidense sugieren que el cinturón se convierta en “la nueva normalidad”, según apuntan los datos de los últimos 20 años.

Algas estudiadas por satélite

El equipo, que ha contado también con la colaboración de la Florida Atlantic University y el Georgia Institute of Technology, ambos en EU, analizó imágenes de resolución moderada de la NASA por espectrorradiómetro. Los datos recogidos de 2000 a 2018 indican un posible cambio de régimen desde el año 2011 en las proliferaciones de sargazo.

“El tamaño de estas floraciones es verdaderamente enorme, lo que hace que las imágenes satelitales globales sean una buena herramienta para detectar y rastrear su dinámica a través del tiempo”, explica Woody Turner, gerente del Programa de Pronóstico Ecológico en la sede de la NASA en Washington y coautor del trabajo.

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En proporciones dispersas en mar abierto, las algas sargazo contribuyen a la salud del océano porque proporcionan hábitat a tortugas, cangrejos, peces y aves. Además, producen oxígeno mediante la fotosíntesis como sucede con otras plantas.

“En el océano abierto, estas macroalgas aportan grandes valores ecológicos, que sirven de refugio para varios animales marinos. He visto frecuentemente peces y delfines alrededor de estas colchonetas flotantes”, asegura Mengqiu Wang, estudiante postdoctoral en el Laboratorio de Oceanografía Óptica en Universidad del Sur de Florida y primer autor del estudio.

Sin embargo, una cantidad de algas como la detectada el año pasado dificulta el movimiento y la respiración de ciertas especies marinas, especialmente cuando las capas cubren la costa. Cuando las macroalgas mueren y se hunden en el fondo del océano en grandes cantidades pueden, además, asfixiar a corales y pastos marinos.

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