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Por Rodrigo Pérez Ortega

Hasta hace algunos años, las investigaciones acerca del ambiente laboral y el desempeño eran escasas. Sin embargo, poco a poco, los estudios científicos han establecido que tanto la falta de estimulación en el espacio de trabajo y un ambiente laboral aburrido pueden tener un efecto cognitivo negativo a largo plazo. La evidencia empírica ha instado a organizaciones como Google o BuzzFeed a modificar sus espacios de trabajo para estimular la creatividad y productividad de sus empleados.

No obstante, un ambiente dinámico y estimulante no significa que esté lleno de interrupciones. Un estudio de la Universidad de Irvine reveló que, por lo general, un empleado común sólo tiene alrededor de 11 minutos de calma entre interrupciones, mientras que nuestro cerebro tarda unos 25 minutos en volver a concentrarse en una tarea específica. Además, el mismo estudio encontró que las personas que son interrumpidas constantemente desarrollan un método para compensar por el tiempo perdido. Pero experimentan más estrés, frustraciones, presiones de tiempo y esfuerzo.

Ollie Campbell, cofundador y CEO de Milanote, decidió establecer “tiempo del silencio” para su oficina. La idea es que la mitad de cada día laboral transcurra sin email, celular, mensajería instantánea o comunicación constante entre los empleados. Al analizar sus datos de velocidad laboral, se dieron cuenta de que la productividad había aumentado 23%. A nivel cerebral, estudios en roedores han encontrado que el silencio puede estimular la producción de nuevas neuronas en el hipocampo.

Investigaciones recientes han demostrado que estar cerca de la naturaleza conlleva un beneficio considerable para el cerebro. Kate Lee y colegas suyos de la Universidad de Melbourne realizaron un estudio en 2015, en donde los participantes realizaron una tarea que requería de atención sostenida.

Durante la actividad, una parte de los participantes se tomó un microdescanso de 40 segundos para observar una foto de una azotea verde, mientras que la otra parte de los participantes sólo observó una foto de un techo de concreto.

En los resultados, se encontró que los participantes que observaron la azotea realizaron la actividad más eficientemente, quizá debido a que su función cognitiva mejoró. Tal vez represente una inversión más, pero diseñar un espacio laboral benéfico para las funciones cerebrales vale la pena a largo plazo.

*Rodrigo Pérez Ortega es neurocientífico y divulgador de ciencia.

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