Artisanópolis: un paraíso ‘sin regulación’ para la investigación científica

Estas ciudades flotantes prometen permitir a expertos en diferentes áreas “probar pacíficamente sus nuevas ideas”.

La organización Seasteading Institute, fundada en 2008 por el empresario Wayne Gramlich y el ingeniero de software de Google Patri Friedman, propone el establecimiento de ciudades flotantes en alta mar.

Pero su objetivo no es que funcionen como lujosos destinos turísticos o de bienes raíces, sino como espacios libres de la regulación de cualquier territorio en los que una comunidad de expertos en diferentes áreas puedan experimentar con —casi— total libertad (aún deberán seguir las leyes internacionales).

Es así que estas urbes prometen convertirse en pequeños paraísos para la investigación científica.

“Nuestras ciudades flotantes permitirán a la próxima generación de pioneros probar pacíficamente sus nuevas ideas”, afirma el instituto en su sitio web. “Los más exitosos podrán inspirar importantes cambios en todo el mundo”.

Bajo el nombre de Artisanópolis, el primero de estos espacios en alta mar ya cuenta con una sede: el territorio marítimo de la Polinesia Francesa, país cuyo gobierno ya firmó un acuerdo con la organización para permitir y apoyar el proyecto.

“Nuestra colaboración llevará trabajo, crecimiento económico y resiliencia ambiental a la región”, aseguró Randolph Hencken, Director Ejecutivo de Seasteading Institute. “Y para nosotros, es un primer paso muy importante, un gran hito”.

Con ustedes, Artisanópolis

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Artisanópolis será una ciudad totalmente sostenible y amigable con el medio ambiente compuesta por un grupo de once plataformas flotantes cuadradas o pentagonales (de aproximadamente 50 metros de largo en cada lado) conectadas entre sí.

De acuerdo con el Seasteading Institute, estas serán capaces de sostener edificios de hasta tres pisos que funcionarán como laboratorios, oficinas y departamentos, así como parques, domos hidropónicos y otras áreas comunes.

La idea es que se puedan cultivar y cosechar alimentos dentro de la misma ‘isla’, que un grupo de plantas desalinizadoras se encarguen de potabilizar el agua y que los residuos orgánicos sirvan como composta. “Todo lo demás será reciclado”, agregan sus creadores en la página del proyecto. “Además (Artisanópolis) utilizará únicamente energías renovables”.

Y para evitar los peligros que vivir en altamar implica, la ciudad estará rodeada por un inmenso muro rompeolas.

Este espacio, cuyo costo total de construcción está calculado en $167 millones de dólares, deberá estar listo para abrir sus puertas en 2020, cuando recibirá a las entre 225 y 300 personas que se establecerán en su superficie.

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